Opinión - 21/11/14 - 11:13 PM

Tortura ‘made in China’

Porras con púas de metal, grilletes con peso para las piernas, sillas de ejecución, gas lacrimógeno o equipos de electro-shock son fabricados en China y exportados a

Irene Casado Sánchez

Porras con púas de metal, grilletes con peso para las piernas, sillas de ejecución, gas lacrimógeno o equipos de electro-shock son fabricados en China y exportados a países donde se violan de manera sistemática los derechos humanos. El informe China’s Trade in Tools of Torture and Repression, realizado por Amnistía Internacional junto a la Fundación de Investigación Omega, denuncia que más de 130 empresas chinas, la mayoría de propiedad estatal, fabrican y distribuyen objetos de tortura en África y Asia.

En los últimos diez años, el número de negocios especializados en este tipo de materiales se ha multiplicado por cuatro en el país asiático.

Camboya, Senegal, Egipto, Uganda, República Democrática del Congo, Ghana, Nepal, Tailandia o Madagascar son algunos de los países que compran herramientas de tortura al estado asiático. Según los datos recopilados en el estudio, 29 empresas chinas anunciaban porras eléctricas que permiten a las fuerzas de seguridad “aplicar manualmente descargas eléctricas múltiples, sumamente dolorosas, en zonas sensibles del cuerpo, como los genitales, la garganta…” y, todo ello, sin apenas dejar rastros físicos.

Grilletes, sillas de inmovilización o esposas que aúnan manos y cuello engrosan la lista de objetos tétricos “made in China”. Dispositivos que “pueden poner en peligro la vida de una persona al limitar la respiración, la circulación de la sangre y la comunicación nerviosa entre el cuerpo y el cerebro”.

Según el informe, este tipo de materiales también son adquiridos por cuerpos de la Policía y del Ejército que cometen abusos.

Así, desde AI instan a las autoridades chinas a que “realicen una reforma fundamental de su normativa comercial” que ponga fin “a la transferencia irresponsable de material para el mantenimiento de la ley y el orden a organismos que probablemente utilizarán ese material para violar los derechos humanos”.

Cercar este negocio en alza no solo depende de vigilar al destinatario. Prohibir la fabricación y distribución de estos objetos es fundamental para poner fin al mercadeo de derechos humanos.