Opinión - 23/11/16 - 12:00 AM

Tragedia

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La depresión atmosférica convertida en tormenta y luego en huracán “Otto” ha sembrado luto en Panamá y puso al descubierto lo poco que está preparado el país para enfrentar una emergencia de tal magnitud.

Acostumbrados a que el país antes no era blanco de los embates de la naturaleza, la población no está preparada para situaciones como las enfrentadas en las últimas horas y las autoridades son lentas en alertar a los panameños para minimizar el impacto de estas situaciones.

Ya suman 8 muertes por las lluvias que desde el domingo azotan al país, pero el caso más doloroso fue la de un niño aplastado cuando iba hacia su escuela. Desde el día anterior los organismos internacionales advertían que la tormenta se convertiría en huracán, pero tardíamente se adoptó la suspensión de clases cuando ya muchos estudiantes iban camino a sus colegios.

Suspender las clases a las 7:00 a.m. cuando ya la mayoría de los chicos iban camino a clases o ya estaban en sus colegios, no fue lo más correcto, por más justificación que intente hacer el Gobierno.

Los daños materiales serán inmensos. Muchas carreteras y viviendas serán afectadas, pero la pérdida de vidas es lo que más duele al país.

De igual modo, los panameños deben ser los primeros preocupados de su seguridad y no insistir en levantar viviendas en zonas propensas a derrumbes o cerca de ríos y quebradas que puedan inundar los inmuebles. Si hay un fuerte aguacero, es imprudente permanecer dentro de ríos y playas. ¡La vida es hermosa, no debemos exponernos innecesariamente!