Opinión - 07/1/16 - 12:00 AM

Un mundo sin juguetes

Por: -

Dos niños miran al mundo

desde una estrecha ventana

con la ternura que sólo

conservan esas miradas.

Conmovedor es el cuadro

porque sus rostros nos hablan

de muchos niños que sueñan

con todo lo que les falta.

Sueñan con tener juguetes

que tal vez jamás les hagan,

con vivir horas felices

que presienten muy lejanas.

Quizás ellos nunca vivan

la plenitud de la infancia

y dejen ya de ser niños

a esa misma edad temprana.

Por eso dicen sus ojos

que algo muy propio reclaman;

es como un grito anhelante

de niñez abandonada.

A pesar de la pobreza

que las ilusiones mata,

ellos nos dan la sonrisa

pura de la edad dorada.

Es sonrisa que conquista,

amor que quiebra montañas;

es el dolor transformado

en mirada de esperanza.

¿Qué nos dicen esos niños

desde esa pobre ventana?

¿Qué mensaje quieren darnos

con su sonrisa encantada?

Revelan que son de un mundo

sin rencor y sin venganza,

que a nadie culpan por verse

en desdicha y desventaja.

En vez de llorar sonríen,

en vez de quejarse cantan;

¡pues su mirar es un himno

con música y voz del alma!1

Estos versos que en 1981 escribió en Costa Rica el poeta cubano Luis Bernal Lumpuy nos llegan al corazón porque tratan sobre lo que más valoramos en esta vida: nuestros niños. Los niños que describe en su poema nos conquistan con su encantadora sonrisa, esa mirada de esperanza que nos revela que "son de un mundo sin rencor y sin venganza" aunque éste sea también un mundo sin juguetes. En los días especiales en que otros niños reciben juguetes a modo de regalos —tales como el día de su cumpleaños, el de la Navidad y el de los Reyes Magos—, ellos tienen que contentarse con soñar "con todo lo que les falta".