Un planeta de gordos pobres
El tiempo en el que las consecuencias alimentarias de la pobreza se limitaban al hambre parece haber quedado atrás. De acuerdo con un ambicioso informe publicado hace algunas semanas por el think-tank británico Overseas Development Institute, seis de cada 10 personas obesas o con sobrepeso del planeta viven en países en desarrollo.
La tendencia es alarmante. Entre 1980 y 2008, el número total de personas con sobrepeso u obesidad ha crecido en 890 millones (de 571 a 1,461). Pero este problema ha recaído con mucha más fuerza sobre los hombros de los países pobres (donde se ha multiplicado por tres) que sobre los de ingreso alto (donde ha aumentado un 70%).
El primer problema es de salud pública. La evolución cuantitativa y cualitativa de estas dietas está directamente relacionada con la proliferación de las llamadas ‘enfermedades no transmisibles’ como la diabetes, las patologías cardiovasculares o el cáncer. “The Economist” recordaba hace unos días que en 2012 el 57% de los diagnósticos oncológicos se produjo en el mundo en desarrollo, donde hoy se producen dos de cada tres fallecimientos derivados de las patologías cancerosas (más víctimas de las que provocan el sida, la malaria y la tuberculosis juntos).
El incremento del sobrepeso y la obesidad entre las poblaciones más pobres del planeta nos obligará a enfrentarnos a complejos dilemas políticos que afectan a la salud pública, la estructura de los mercados agrarios y la capacidad de las instituciones para influir ambos. Y lo haremos al mismo tiempo que luchamos contra una inseguridad alimentaria que en este momento determina la vida de cerca de 850 millones de personas. Como recuerda el informe de ODI, tenemos razones más que suficientes para reconsiderar los patrones de consumo y producción en este sistema alimentario roto.
