Una cólera incontrolada
La situación de mi vida no es fácil, monseñor Emiliani. Soy una persona que padece continuamente de cólera y esto me ha llevado a tener problemas con mi familia, en el trabajo e incluso en la calle. Fui formado por un padre muy estricto y éramos cuatro hermanos, todos varones. Mi papá nos mantenía bajo un régimen duro, con castigos físicos si no cumplíamos nuestras obligaciones. Llegaba al extremo de dejarnos sin comer por un día o más si no hacíamos el trabajo de la finca. Tenía además un negocio de mecánica de motores de carros y tractores un poco rudimentario y allí teníamos que trabajar también. Dos de mis hermanos no pudieron acabar sus estudios por estar trabajando todos los días, tanto en la finca como en el taller. Nosotros, los dos más pequeños, pudimos acabar el bachillerato a base de mucho esfuerzo.
Nunca conocí lo que era una fiesta de amigos y la única vez que me tomé un par de tragos se enteró mi padre y me rompió la cara de un puñetazo. Él ya murió y mi pobre madre, que es una santa, ha padecido siempre de nervios y la tiene mi hermano mayor en su casa. Pues, mire monseñor, yo estoy mal. Me enojo por cualquier motivo.
Estimado amigo
Creo que con su actitud y comportamiento nunca será una persona feliz. Le persigue la imagen de su padre constantemente, ya que continúa el mismo estilo de vida de él. Usted no controla sus emociones y con la justificación de que quiere tener todo en orden y que sea recto, el que no coincida con usted es prácticamente su enemigo.
Mire, por la formación recibida, usted tiende a solucionar las cosas así y ese es un camino equivocado, ya que crea un ambiente de agresividad en el que todo el mundo es perjudicado, incluso usted. Eso lo mantiene a usted tenso y a la defensiva. No confía en nadie, incluyendo al ser femenino. Nunca encontrará la persona perfecta y si se da cuenta, tampoco lo es usted. Su padre influyó demasiado en usted y aunque se ve que fue un hombre muy trabajador y eso se lo transmitió a ustedes, la rigidez extrema heredada de él lo está llevando a usted a convertirse en una persona solitaria. Por otro lado, es tan peligroso su comportamiento que puede que algún día se encuentre con alguien que le haga un gran daño físico, o usted a él. No, ese no es el camino.
Está demostrado hasta la saciedad en la humanidad que la violencia engendra violencia y el reguero de sangre en la historia ha sido tan grande y los resultados tan pésimos, que además de ofender a Dios nos hemos ido aniquilando sin ningún sentido. Usted es consciente de su estado, por lo que ahora es cuestión de buscar ayuda. Haga deporte, tenga una sana distracción, busque buenas amistades y hable de su problema con gente que pueda comprenderlo, incluyendo algún psicólogo profesional. Con este tiene que ir usted a buscar la raíz de sus problemas en esos traumas de la infancia.
La oración con fe libera mucho de tensiones. Le aconsejo incluso buscar algún método de meditación que le dé paz. Si tiene vocación matrimonial vaya buscando una persona buena con quien pueda casarse, pero previo a eso tiene que ir lo más sano emocionalmente al matrimonio. Insisto en decirle que la solución a los problemas no es la violencia y que es más hombre la persona que se controla y es dueño de sí mismo que el que está siempre reaccionando con cóleras y haciendo daño a los demás. Sepa que el Señor lo ama y con Él usted superará sus dificultades porque con Dios somos invencibles.
