Opinión - 24/5/15 - 12:00 AM

Una mujer maltratada

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Estimado monseñor Emiliani. Mi vida de casada ha sido un infierno. El hombre con quien me casé se fue transformando en un monstruo poco a poco. Ya son catorce años de sufrimiento. Primero era el licor y ahora, estoy segura, está consumiendo droga. Me golpea con frecuencia. Me insulta a cada rato y me acusa de que lo estoy engañando. Le he sido fiel siempre, pero él se imagina las cosas más absurdas de mí. Lo último que se le ocurrió y me dijo que pronto va a ocurrir es el de traer a la casa a una prostituta y acostarnos los tres. Estoy aterrada de lo que le pasa a este hombre. Ahora bien, cuando está sano de esas drogas y pasa un tiempo de dos o tres meses sobrios, cambia y se convierte en un hombre amable, pacífico y me saca al cine o a comer fuera.

No hemos podido tener hijos y adoptamos a un niño que ya tiene ocho años y esta criatura está comenzando a ser malcriado como su papá.

 

Estimada señora

Si las cosas son como usted las dice, estoy de acuerdo con que tiene que dejar a este hombre. Él ya está pasando por situaciones límites de demencia temporal provocadas por sus adicciones. Por otro lado, tiene un celo enfermizo que lo puede llevar a cometer una locura. El matrimonio no es para vivir un infierno como el que usted está experimentando. Ya usted aguantó mucho. Veo además que no es un hombre trabajador ni responsable.

En estas fases que van de un extremo al otro, violencia física y mental y luego atención y tranquilidad, la puede ir manipulando toda una vida y trastornando incluso su propia salud emocional. La relación puede terminar enfermiza, "sádico masoquista". Aquí entonces la vemos a usted esperando los "tiempos buenos" pagando un precio tan alto, que son los tiempos de maltrato. Estas situaciones terminan en minar el equilibrio emocional de las víctimas y eso no lo quiere Dios. Me preocupa además la aberración sexual en que está cayendo este señor, insinuando el compartir la intimidad de ustedes con otra persona. Le está faltando gravemente el respeto y usted no puede ceder en absoluto, porque la va a deteriorar gravemente en el aspecto moral y psicológico. Recuerde que en todo esto está en juego su dignidad como persona y su ser templo vivo de Dios. Por otro lado, ese niño no puede seguir en ese ambiente tan nocivo. Crecerá con traumas graves y lo más probable es que después sea como su padre.

Con lo que usted me ha contado, tiene suficiente razón para separarse de él para siempre. No hay además matrimonio eclesiástico de por medio. Aún en un caso como este, podría declararse nulo el matrimonio si se comprueba de que usted no sabía con quién se estaba casando. Le aconsejo, pues, dejar a esta persona cuanto antes y ojalá esto lo "despierte" a él y se someta a algún tipo de terapia de desintoxicación y de recuperación de su equilibrio emocional y espiritual. No tenga miedo a sus amenazas. Acuda a la ley. Usted también tendría que buscar a un profesional de la psicología para ir sanando sus traumas, esas heridas emocionales que tanto daño hacen a su autoestima y por supuesto encontrar a Jesús, el Médico del alma, que puede renovar interiormente su ser de manera total. El es el Camino, la Verdad y la Vida. Recuerde que con Él venceremos, porque con Dios somos invencibles.