Opinión - 19/10/16 - 12:00 AM

Vida Eterna

Por: Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

La carta a los Hebreos nos dice que Jesús vino a liberarnos del temor a la muerte que nos tenía como esclavos.

“Jesús participó de esa condición, para anular con su muerte al que controlaba la muerte, es decir, al Diablo, y para liberar a los que, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos.”(Hebreos 2, 14s)

El que Jesús nos haya liberado objetivamente no significa que subjetivamente estamos liberados del temor a la muerte.

Si no nos hemos apropiado con una vida devota de la redención de Cristo, podemos ser bautizados y asistir a misa y vivir como paganos, actuando como los que no tienen otra opción que esta vida.

Jesucristo vino a liberarnos del pecado y de la muerte.

Pero mientras esta vida terrena sea el centro de nuestra existencia, viviremos como esclavos del temor y por lo tanto controlados por el diablo.

Si analizamos un poco algunas de nuestras actitudes. ¿Por qué le tengo miedo al sacrificio? ¿Por qué no comprendo los sacrificios por el Reino de los cielos y me parecen exageraciones? ¿Por qué me resisto a que un hijo o hija mía opte por la vida religiosa?

Porque en el fondo pensamos: “No desperdicies tu vida… gózala” Si Jesucristo no resucitó vana es nuestra fe y vana nuestra predicación.

Pero si creemos que resucitó, sabemos que con la muerte no acaba todo y que vale la pena esforzarnos en esta vida terrena por la Vida Eterna.

Ese es realmente el quid del asunto de nuestra fe y vida terrena.

Nuestra vida terrena tiene una gran importancia en cuanto define algo más grande. Tener fe en Jesucristo es reconocer esa realidad, eso es lo que nos diferencia de los que no creen.