Opinión - 02/3/17 - 12:00 AM

Violencia y vituperio

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El signo distintivo de la campaña electoral de 1968 fue la violencia, tanto verbal como física, y la polarización de amplios sectores de la vida política, social y económica hacia una u otra alianza, no una campaña de propuestas, sino de diatribas.

Para los estudiosos del tema esa violencia verbal y material “in crescendo” fue uno de los detonantes del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, aupado por los militares que desde la década del 50 con el entonces coronel José Antonio Remón Cantera, habían ganado preponderancia como árbitros de la política local.

Hoy -proporciones guardadas- el país transita por ese sendero de violencia verbal, como preámbulo y desencadenante de una violencia física.

La agresión y el vituperio de que ha sido víctima la presidenta encargada del partido Cambio Democrático (CD), Alma Cortés, es la apuesta que hacen los que no creen en el rejuego de ideas y el debate de altura.

A la agresión física sufrida por la dirigente opositora ha seguido el vituperio en una bien orquestada campaña desde las redes sociales, tendiente a descalificarla como persona y, por ende, como conductora de la principal fuerza política antioficialista del país.

Es verdad que ya los militares no son árbitros de nada, pero ese camino que han emprendido los actuales detentadores del poder público abre la puerta a consecuencias insospechadas porque la violencia cuando empieza, nunca se sabe cómo va a terminar.

Esa espiral de violencia puede ser la oportunidad esperada por quienes gustan pescar “en río revuelto”, así como aquellos que propugnan por ideas totalitarias que han fracasado en otros lares, pero que en Panamá con un pueblo enojado, frustrado y con hambre pueden germinar.

Pelen el ojo, señores oficialistas, no propicien la violencia.

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