A vuestra excelencia apodado ‘Tortugón’
Escribí en días pasados que la masa de panameños a quienes les prometió la devolución de sus décimos quedaba calzadas las cutarras para ir a besarle el... a vuestra excelencia y ahora le cuento que otro grupo de bobos también se las ha calzado a guisa de nuestros originarios guaimíes para en determinado momento ponerse en camino, con pergamino en mano, y hacer justicia cambiándole el mote de “Tortugón”, siempre y cuando la promesa sea cumplida. Y si ellos allá llegan, me parece que habré hecho algún servicio a vuestra excelencia, que según los entusiasmados, merece otro título del que gozan personalidades allende el querube como: Marcos Rifle, El Fufo, El Viejo Torrijos y el amadísimo y golpeado Pan de Dulce.
Por el mismo lado, le cuento que es mucha la prisa desatada desde su anuncio devolutivo por radio, prensa escrita, televisión y trasmallos sociales del dinero prestado al brazo civil de la revolución de octubre de1968. Y de infinitas partes del país me escriben que ayude a quitar el todavía válido nombre de “Tortugón”, no porque cause náuseas ni risas, sino porque ha corrido velozmente por todo el orbe y su satélite.
En las provincias donde abundan los sapos, se barajan nombres y apodos que, según ellos, serían apropiados a todas luces para alguien que haga justicia con muchos viejos que ya no están con salud suficiente como para exponerse a tan largo viaje a pie y menos por carreteras en donde conducen “personalidades” ebrias con poder vociferando a quien les llame la atención: “No sabes con quién te estás metiendo, agüeva’o”, priman otras acciones que riman con botar agua potable al mar ayudando a delincuentes pagándoles como para que no roben, asalten o asesinen a la gente de bien.
Para el apodo nuevo y novísimo en el Istmo y el mundo, voy a ponerle gancho a “Jupa de ajo”, nombre heredado por España gracias a los ocho siglos de dominio árabe, ya que se daba a los calvitos porque se suponía que eran tan buenos que hasta el cabello regalaban. Con esto me despido ofreciendo a vuestra excelencia botijas con mucha tolerancia, que sin tantos titulillos hacen más merced que la que yo acierto a desear.