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Carlos III emprende viaje a las excolonias con la sombra del esclavismo

La esclavitud fue abolida oficialmente en el Imperio Británico en 1834, tras dos siglos y medio de intensa actividad entre el continente africano y sus posesiones en el Caribe.

 

Por: Londres / EFE -

El rey Carlos III y la reina Camila de Inglaterra emprenden mañana martes un viaje de nueve días a tres excolonias del Caribe -Bahamas, Guyana y Antigua y Barbuda, por este orden- en el que la sombra de la herencia esclavista y la eventual oferta de reparaciones planea sobre todo el programa.


Los tres estados del Caribe, hoy miembros de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) y por tanto con el monarca británico como jefe de Estado, son además democracias consolidadas donde ha surgido un incipiente republicanismo que responde además a la pertinencia de esos lazos institucionales con la antigua metrópoli.

Pero por encima de todo está la herencia que dejó la esclavitud, un drama por el que la monarquía británica no ha pedido disculpas explícitas pero sí ha reconocido que fue "una atrocidad espantosa" que ha dejado "una mancha imborrable" en la historia del Reino Unido. 

La esclavitud fue abolida oficialmente en el Imperio Británico en 1834, tras dos siglos y medio de intensa actividad entre el continente africano y sus posesiones en el Caribe. Algunas estimaciones llevan la cifra de víctimas de este comercio humano hasta los 3 millones de personas; lo que sí se sabe es que en el momento de su abolición fueron 800.000 los esclavos puestos en libertad.


En juego 'la integridad moral de la monarquía' 
Este viaje "es el mayor riesgo para el reinado (de Carlos III) hasta ahora que escapa a su control. Temas como la esclavitud, las reparaciones y las disculpas implican que se pone en cuestión la integridad moral de la monarquía", señaló a la BBC el historiador Anthony Seldon.


El palacio de Buckingham ha hecho saber que la fórmula para encarar esta cuestión eminentemente política corresponde al gobierno, y el gabinete de Andy Burnham no parece por el momento dispuesto a ir más allá: ni habrá petición de disculpas ni compromiso de pago de compensaciones. 


Sí habrá en los tres discursos que pronunciará el monarca en cada uno de esos países menciones expresas a los desmanes que trajo el imperialismo, pero falta saber cuál será la fórmula y cómo la aceptarán sus destinatarios.
El viaje ha sido meticulosamente preparado para no herir sensibilidades y evitar fotografías embarazosas como las que dejó en 2022 el viaje a Jamaica del príncipe Guillermo y su esposa Catalina - hoy herederos al trono, entonces solo duques -.


En lugar de un baño de masas en aquel año de post-pandemia, los duques prefirieron estrechar las manos de los niños en la ciudad de Trench Town a través de una reja metálica por cuyos huecos los pequeños apenas podían meter los brazos. Esa imagen, más las de algunos jamaicanos enarbolando carteles con el lema "Reparaciones ¡Ahora!" ensombrecieron el propósito de aquel viaje.


Aun siendo el de ahora un viaje con un riesgo político evidente, los observadores creen que podrá proporcionar al rey Carlos III un cierto alivio después de los sinsabores que ha tenido que soportar este año por cuestiones familiares.


Primero fue el regreso sorpresivo del príncipe Enrique y su esposa Meghan Markle al Reino Unido, un retorno que no había sido consultado con Carlos III y que forzó al palacio a puntualizar que los duques de Sussex ya no eran miembros activos de la monarquía y por tanto sus actividades les competían exclusivamente a ellos.


Y después vino la publicación de "El canto del cisne. Diana, mi hermana", las memorias de Charles Spencer, en las que el hermano menor de la princesa de Gales ajustaba cuentas con su excuñado el rey, afeando su conducta durante el tiempo que duró su matrimonio, y particularmente la frialdad -incluso el alivio- que percibió en la actitud del actual monarca cuando supo de la muerte de Diana en París.
 

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