Científicos estudian huellas de epidemias en comunidades indígenas de América
La investigación analiza las epidemias de viruela introducidas por europeos en América, la falta de evidencia arqueológica sobre su impacto y el potencial del ADN antiguo para aportar nuevas respuestas.
Un nuevo estudio encendió las alarmas en la comunidad científica: la viruela, una de las enfermedades más letales traídas por los europeos, habría acabado con millones de indígenas en América, pero sin dejar huellas claras en el registro arqueológico.
La investigación, publicada en el Journal of Anthropological Archaeology y en la que participa el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), revela una gran incógnita: pese a relatos históricos que hablan de muertes masivas, no existen evidencias contundentes como fosas comunes o enterramientos alterados que confirmen el impacto devastador de estas epidemias.
"Las enfermedades son un fenómeno global, pero la evidencia de enfermedades epidémicas graves en América antes de la llegada europea es escasa", dice el autor principal, el bioarqueólogo histórico Alex Garcia-Putnam, profesor adjunto en el Departamento de Antropología y subdirector del Laboratorio de Identificación y Recuperación en Antropología Forense (F.A.I.R.) en la Universidad de New Hampshire.
Según los expertos, la viruela —altamente contagiosa— habría provocado entre 3 y 4 millones de muertes en poblaciones indígenas que no tenían defensas contra el virus. Sin embargo, los restos físicos de esta tragedia siguen siendo escasos o prácticamente inexistentes.
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El bioarqueólogo Alex Garcia-Putnam explicó que, aunque las enfermedades eran globales, “la evidencia de epidemias graves en América antes de la llegada europea es limitada”, lo que abre nuevas interrogantes sobre cómo se vivieron estas crisis sanitarias.
El estudio también pone el foco en Panamá, donde relatos coloniales indican que la viruela diezmó comunidades enteras. Incluso, tradiciones orales del pueblo Guna señalan que las epidemias influyeron en su migración desde el Darién hacia las islas de Guna Yala.
Pero, ¿por qué no hay rastros claros? Los investigadores plantean varias hipótesis: desde la posibilidad de que aún no se hayan descubierto los enterramientos hasta escenarios más dramáticos, como que no quedara nadie con vida para sepultar a los muertos.
Otra teoría apunta a cambios en las prácticas funerarias tras la colonización, influenciadas por costumbres europeas, lo que habría alterado la forma en que se enterraban a las víctimas.
Ahora, la ciencia mira hacia el ADN antiguo como posible clave para resolver el enigma. Analizando restos humanos, los expertos podrían detectar rastros del virus de la viruela. Sin embargo, este método enfrenta retos éticos y ambientales, especialmente en zonas tropicales como Panamá, donde el suelo dificulta la conservación del material genético.
El estudio propone en última instancia un enfoque multidisciplinario y criterios para guiar futuras investigaciones, incluyendo la evaluación de enterramientos y ensamblajes esqueléticos para determinar si fueron consecuencia de las epidemias de viruela, ampliar la investigación a otras enfermedades impactantes —sarampión, peste, influenza, etc.— y utilizar modelados informáticos para simular cómo se propagó la viruela de una comunidad a otra.
Más allá de los números, los científicos coinciden en algo: las enfermedades no solo afectaron la salud, sino que transformaron profundamente la vida, cultura y decisiones de las comunidades indígenas.
