Arrepentido en el presidio
Monseñor, aquí en la cárcel lo leo cuando puedo y también escucho sus programas de radio. Me han ayudado mucho. Llevo 14 años preso y aquí he aprendido mucho. Primero, cuando llegué, maldecía todo lo que me encontraba. Fumaba marihuana para olvidar cosas y algunas veces usaba cocaína. Como no tenía casi dinero, no podía hacerlo con la frecuencia que me hubiera gustado. Acostumbrarme a dormir trepado en la cuarta cama de arriba de un camarote y a usar con más de cien personas en mi bartolina unos pocos servicios y baños no fue fácil. La humedad y el calor, el hacinamiento, los ronquidos de noche y las pulgas pegadas al cuerpo, eso era para mí una gran tortura. Pero me merecía todo eso. En mi vida pasada había sido un ruín sicario. Primero empecé robando cuando adolescente, después pertenecí a una banda que asaltaba casas, robaba carros y ya por último, empecé a matar personas. Estoy muy arrepentido. Pero no sé realmente si Dios me perdonará todo eso.
Mire hermano, Dios es el eternamente misericordioso. No hay pecado que sea más grande que su amor. Usted está arrepentido y ha buscado a Cristo, pues ya el Señor está haciendo su obra en usted. Su pecado es terrible. Ha matado seres humanos. Ha acabado la vida de personas que dejan huérfanos, viudas, madres que lloran. Ha arrebatado la vida de personas que aunque hubieran cometido delitos tendrían que haber pagado sus fechorías en una cárcel, pero no morir asesinados. Usted jugó el papel de Dios, y buscó matar por dinero personas. La vida es sagrada. Nadie, solo Dios puede quitarle la vida física a alguien cuando Él lo determine.
Usted está en el lugar adecuado para cambiar. Está pagando la pena civilmente por sus actos. La justicia funcionó y usted mereció esa condena. Aproveche bien el tiempo en la cárcel. Asista a todas las predicaciones y eucaristías que da la pastoral penitenciaria. Haga oración, lea mucho.
Le pido insistentemente que no tome ninguna droga más en su vida. Procure hacer ejercicio físico, cultive buenas amistades en el presidio. Sí, escoja bien quiénes son sus amigos. Trate de llevarse bien con todos.
Y ahora le digo: aprenda ya a respetar la vida. Nunca más le quite la vida a una persona. Usted sabe bien que eso lo pudo llevar al infierno.
A sus hijos, hábleles siempre del Señor y deles los mejores consejos que pueda para evitar que ellos sigan sus pasos. Y recuerde siempre que Dios está con usted y con Él será invencible a la maldad.
