Opinión - 19/1/15 - 12:00 AM

Balance de poder

El concepto clásico de Montesquieu sobre los tres poderes del Estado que trabajan separadamente, pero en armónica colaboración, en un sistema de pesos y contrapesos, ha sido echado a la basura por la actual administración de Juan Carlos Varela.

El actual jefe del Ejecutivo controla la Asamblea de Diputados por medio de un antiguo ejecutivo de su empresa licorera, tiene el control del Ministerio Público a través de su antigua subalterna en el Consejo de Seguridad y busca controlar el Órgano Judicial, a través de magistrados afines al PRD, su socio en el “cogobierno” legislativo, y logró imponer a su candidato en la Contraloría con la complacencia de los diputados.

No conforme con ello, cual hábil titiritero, ha nombrado en las fiscalías y la magistratura de Cuentas a personajes de espalda gelatinosa y carentes de columna vertebral.

Qué decir del Tribunal Electoral, que se ha convertido en piñata y premio de magistrados parcializados con la actual gestión.

Aquí cae a pelo lo dicho por el ilustre pensador francés, “No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia”.

Ese es el drama que vive Panamá, no hay balance de poder y, por el contrario, lo que existe es una concentración excesiva del ejercicio público en la persona del primer mandatario.

El propio Varela, con su frase de “corrección fraterna”, lo que está anunciando es que la caza judicial de opositores va a arreciar y mientras eso entretiene, vemos como ya –según cifras oficiales– ha aumentado la tasa de desempleo, se ha iniciado el desaceleramiento de la economía y como los inversionistas serios se muestran temerosos.

Y como dice el pueblo, “ahora lo que viene es candela”, con el aumento en el recibo de la luz, con los indígenas que ya dieron un ultimátum al Gobierno por el asunto de las hidroeléctricas, por la botadera en el Gobierno.

En una democracia, si no hay un balance de poder, simple y sencillamente estamos ante un mando dictatorial y autoritario, como es el que estamos viviendo actualmente con el hombre de “la carita de yo no fui”.