Opinión - 13/4/16 - 12:00 AM

Boda de Caná

Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

El evangelio según san Juan nos presenta una selección de acontecimientos de la vida de Jesús, que son fruto de una profunda meditación. El que eligiera la boda de Caná como un acontecimiento digno de contarlo a las futuras generaciones de cristianos para su edificación nos invita a la reflexión.

El evangelista resalta la presencia de la Virgen en la boda al decir: “se celebraba una boda en Cana de Galilea y estaba allí la madre de Jesús” (Juan 2, 1). Más adelante nos dice que la Virgen percibe la necesidad de la falta de vino en la boda, y se lo manifiesta a su Hijo. Lo que provoca la respuesta de Jesús: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. (Juan 2, 4) En la narración se deja entrever que entre la Madre y el Hijo existe una profunda comunicación no verbal. Porque como podemos observar después de la respuesta de Jesús, que podía dar la impresión de desinterés en el tema, la Virgen no duda en decirles a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”, segura de que su Hijo la iba a complacer. Y fruto de esta petición, Jesús decide manifestar su gloria. San Juan nos testifica: “Así en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en el sus discípulos”. (Juan 2, 11) La Virgen le pide a su Hijo que realice un milagro enfrente de sus discípulos.

La Virgen María no le pide un milagro a su Hijo para solventar un inconveniente doméstico, sino que tiene el propósito de que Jesús manifieste su gloria y que eso fortalezca la fe de los discípulos, es decir, está colaborando con la obra de su Hijo.