Cárcel, una medida justa para la injusticia
Me disgustan y me ponen de mal humor las injusticias, vengan de donde vengan, las promueva quien las promueva.
No soporto a los abusadores del poder, ni me gustan los “tira la piedra y esconde la mano”, y mucho menos, los “lobos disfrazados de ovejas”.
A los políticos oportunistas, sin principios y que solo responden al dinero y a sus intereses particulares, que hacen daño mientras están en el poder y cuando no lo están esconden la cabeza en la tierra como el avestruz, a esos no los digiero.
Pero entiendo que la cárcel, sea del tipo que sea, cuando se está en el poder, es una medida justa para aplicar una injusticia.
Lo de mi amigo y colega Julio Miller no es otra cosa que una acción para silenciar su voz disonante por parte de la gente que aplica justicia en un país, controlado por los intereses económicos y políticos.
No soy amigo personal ni de Oscar Osorio, ni de José Raúl Mulino, aunque trabajé con ambos. Como profesionales sobresalientes, pero allí en donde nadie los ve, no puedo “meter la mano en el fuego” por ninguno de los dos.
Sin embargo, considero que tenerlos bajo los barrotes es una medida injusta en medio de la turbulencia política que hoy se vive y, sobre todo, si las circunstancias dejan entrever una especie de un pase de factura o simplemente una acción de venganza, por lo que en el pasado vivió también injustamente, el propio presidente, Juan Carlos Varela.
Me preocupa la negligente y extemporánea actuación por parte del Ministerio Público en el mayúsculo escándalo de los denominados; “papeles de Panamá” y en los que aparece involucrado el asesor gubernamental, Ramón Fonseca Mora.
Nada de lo “mal actuado”, por los regentes del gobierno anterior y específicamente por Mulino y Osorio, es comparable con la basura que ha arrojado sobre la imagen del país el bufete de Mossack y Fonseca, con los papeles de Panamá”.
Llevará varios años arreglar o limpiar la imagen de Panamá a nivel internacional.
Dios quiera que esto de los “papeles de Panamá” no afecte la inauguración de las nuevas esclusas del Canal de Panamá y que la mayoría, sino todos los jefes de Estados del mundo invitados, vengan al evento sin aprehensiones ni recelos.
El presidente Juan Carlos Varela tiene un reto duro por delante, y tendrá que cumplir un periplo mundial con la intención de sanear la imagen deteriorada de Panamá, por un bufete de abogados, que encandilado por los billetes americanos, comprometió el prestigio un país que quiérase o no, es más que un Canal.
Mientras tanto, la cárcel seguirá siendo para este gobierno la medida justa para aplicar una injusticia.
