Opinión - 28/4/16 - 12:00 AM

Chivos expiatorios

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Sin duda alguna, la salida de la reclusión de José Raúl Mulino es un enorme triunfo para las fuerzas democráticas que luchan por el adecentamiento del país; sin embargo, aún queda mucho por hacer porque otros detenidos todavía padecen por la persecución de que son objeto por parte del Ministerio Público.

Que no se nos malinterprete. Ricardo Martinelli, en sus inicios al frente del Ejecutivo, dijo sin ambages: “Se podrá meter la pata, pero no la mano”. Quienes desoyeron esta advertencia que asuman la responsabilidad de sus actos, pero que ahora no se quiera tomar a exfuncionarios que solo cumplieron con su deber como chivos expiatorios de la persecución política.

Varios factores externos e internos han demostrado el doble discurso de la actual administración. Por un lado, el escándalo mundial de los Panama Papers demostró como allegados e íntimos al régimen y al señor presidente negociaron con las “offshores”, que luego se usaron para actos delictivos.

Por otro lado, el nepotismo, en distintas entidades, incluyendo el Tribunal Electoral (TE) que institucionalizó la práctica, así como el escándalo de las contrataciones directas, retratan de cuerpo entero la falta de transparencia del régimen.

Frente a esta realidad, es lógico pensar que las actuaciones del Ministerio Público están premunidas de una intención opaca y poco transparente, lo que le resta credibilidad ante la opinión pública nacional.

Es por ello que los panameños debemos estar claros en que muchos de los detenidos, acusados y perseguidos de la anterior administración no son más que chivos expiatorios de un régimen frente al aislamiento social y político en que se encuentra sumido.

En un Estado de derecho, la detención preventiva sería la última de las medidas cautelares aplicadas a cualquier acusado. En Panamá, es la primera porque el criterio no es investigar ni encontrar la verdad material, sino perseguir y encarcelar, así de sencillo.