Cómo reaccionar a los abusos laborales
Trabajo en un supermercado empacando los productos a los clientes. Es un trabajo temporal antes de recibir mi título en la universidad. El día de ayer un hombre molesto inició una discusión conmigo por la forma en que le empaqué algunos productos. Yo le presenté mi defensa con respeto, pero más allá de quién haya tenido la razón, el tipo me insultó. Mi reacción fue encarar a esta persona mostrando mi enojo (sin insultos), pero no me atreví a dar el siguiente paso, que evidentemente era una pelea física.
El punto es que hay individuos con los que es muy difícil arreglar los problemas con sabiduría. Entonces, en casos como éstos, ¿es mejor no hacer nada y guardar silencio, o confrontar al individuo, lo cual podría resultar en una pelea a puñetazos? ¿Qué es lo bíblicamente correcto? Para mí esto fue abuso laboral, y necesito saber cómo reaccionar si es que volviera a ocurrir.
Estimado amigo:
La pregunta que usted nos hace es muy buena. Considerémosla en dos partes. Primero está el asunto de su empleo.
Cualquier empresario sabe que algunos clientes son problemáticos. Hay quienes tienen personalidades negativas que con frecuencia los llevan a encontrar algo malo en ciertos productos y servicios. Otros clientes perciben que todo el mundo es hostil, y dondequiera que vayan están listos para defenderse de amenazas imaginarias. Y hay personas que son muy buena gente pero a quienes les ha ido muy mal ese día y, aunque no tienen la intención de ser irrespetuosas, no son amables. A pesar de eso, el empresario prudente tiene la consigna de que «el cliente siempre tiene la razón» porque quiere tener clientes que le sean fieles. El dinero que gana la empresa tiene el mismo valor ya sea que provenga de un cliente amable o de uno que no lo sea.
Los empresarios necesitan empleados que, al igual que ellos, se conduzcan como si el cliente siempre tuviera la razón.
Usted nos pregunta en cuanto a lo que la Biblia dice acerca de cuándo guardar silencio y cuándo es correcto defenderse. En el Sermón del Monte,1 Jesucristo mismo enseñó que no sólo debemos amar a nuestros enemigos, sino que también debemos hacer más que lo que nos exijan. Cristo dijo que si alguien nos da una bofetada en una mejilla, que le volvamos también la otra. Con eso demostramos el amor de Dios por esa persona. Cuando Dios tiene el control de nuestra vida, nos da la sabiduría y la paciencia para mostrar su amor de ese modo contrario a nuestra naturaleza humana.
Sin embargo, Dios también nos dio el instinto natural de la supervivencia. Cuando percibimos una amenaza física, nuestro cerebro produce adrenalina para darnos el estímulo adicional que necesitamos para defendernos o huir.
El resolver conflictos o discusiones por medio de la confrontación física es característico del comportamiento de los niños de dos años.
