Comprender
Los politiqueros criollos de los años cincuenta del siglo pasado, tenían un consejo que les daban a los nuevos presidentes panameños: “cuando gobiernes piensa en el momento que estarás en la oposición”. En los últimos veintiséis años de la nueva democracia, la llamada “ley del péndulo” ha hecho que ningún partido en el gobierno continúe en el poder… ¡por mejor que haya sido! Hace centenares de años en la antigua Roma (Italia) se inventó una fórmula para hacer un buen gobierno, que creó todavía es efectiva. Se señalaba que al pueblo había que darle “pan y circo” para tenerlo contento. Existen más fórmulas para gobernar adecuadamente un país y ninguna de ellas habla de insultar o burlarse o no cumplir las promesas electorales.
Para ciertos sociólogos el asunto se reduce a conocer cómo es el pueblo gobernado, aunque esas características sean de unos cuántos y no la mayoría de los gobernados. Me permitiré indicar algunas de ellas. Primero hay que tener en cuenta que nadie es “moneda de oro” para caerle bien a todo el mundo. Varios panameños no reconocen los méritos de los demás. Tal vez esto se deba a un complejo de “superioridad”. Aceptar que otros son mejores o hicieron bien algo, piensan que es señal de debilidad o “cepillar” buscando algo. Creen que al panameño le gustan los discursos agresivos porque son señal de valentía…
Existen los llamados “contreras”. Están en contra de todo y de todos. Hasta si les dan un billete de cinco dólares lo criticaran. Para mí aquí hay algún desorden de personalidad… Para muchos quejarse se ha convertido en un deporte. De allí surge el pensamiento filosófico popular que ¡”van para el cielo y van llorando”! Añada que a veces se respeta el cargo y no a la persona. Algunos ministros lo saben. Después que dejaron “la papa”… ¡ni el chofer los saluda! Expertos afirman que un gobernante será recordado por sus éxitos y no lo que hicieron mal. Esto también puede suceder con las personas comunes y corrientes. Parece que el tiempo limpia las acciones negativas.
Algo que es sagrado para el panameño es la libertad de expresión. Por eso algunos nos consideran uno de los pueblos más bochinchosos e “inventa rumores” de América. Prueba de ello son las miles de llamadas falsas a los Bomberos, ambulancias del 911 y Sinaproc. Si un gobernante no conoce a su pueblo… ¡lo vemos mal!
