Opinión - 18/4/16 - 12:00 AM

Crueldad

Por: Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

La obligación escolar para algunos muchachos "yeyecitos" no fue fácil realizarla. Hasta tuvieron que pedirles auxilio a sus padres. Resulta que en un colegio de clase alta, el profesor de Biología quiso que sus alumnos conocieran directamente la estructura nerviosa y fisiológica de un sapo. Nada de usar láminas y dibujos y menos películas. De esta manera, los muchachos palparían la realidad de esta actividad biológica en una clase que nunca olvidarían. La primera dificultad fue cazar los sapos. Muchos de esos jóvenes vivían en departamentos muy alejados de donde Ud. encuentra un sapo. Tampoco sabían cómo agarrar el animal. Incluso a varios padres les costó recorrer lotes baldíos buscando sapos para el experimento escolar.

Como suele ocurrir a veces, las ideas pueden ser muy buenas, pero al llevarse a la práctica se encuentran con otras realidades. Supimos que cuando sacrificaban por la ciencia los sapos, hubo entre los alumnos asco y miedo a contraer una enfermedad. Más de uno vomitó el desayuno. Otros, por años, no pudieron olvidar las tripas del animal muerto. Aquel experimento de tocar el cuerpo del sapo sin vida, con un alambre con electricidad, para ver de qué manera movía las patas, no entusiasmó a los jovencitos de clase alta. Hubo una reacción en contra del experimento que llegó hasta los medios de comunicación. Como periodista que defiende el medioambiente, señalé la crueldad de matar decenas de sapos con un experimento que no era lo más importante de ese curso.

Resaltamos la importancia que tienen los sapos para el control de numerosos insectos que son su comida. Si no existiera ese equilibrio en la naturaleza, podrían darse numerosas invasiones de mosquitos que afectarían a los seres humanos. Es cierto que el animal es feo y hasta repulsivo, pero ha inspirado a literatos a hacer cuentos. En algunos, el animal hasta llega a convertirse en príncipe. He leído cuentos en los que destacan el daño que hace la urbanización descontrolada al medioambiente. La jungla de cemento puede ser muy moderna para las ciudades, pero destruye la vegetación afectando muchos animales e insectos, incluyendo los sapos. Recordé que cuando niño le curamos una infección de erisipela a la abuelita Teresa poniéndole un sapo en la pierna. Todo esto vino a mi mente hace unos días al saber que en un curso universitario les pidieron a los alumnos llevar sapos para experimentos. Lástima que esta crueldad todavía existe 40 años después...