Opinión - 04/3/16 - 12:00 AM

Dar

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Al chiquillo no le gustó lo que le dieron. Era el segundo hijo de una familia de escasos recursos. Por economía practicaban lo que algunos llaman el sistema de herencia entre los niños. El mayor recibía zapatos y vestidos nuevos para ir a la escuela. Su hermanito menor heredaba zapatos, ropa y útiles escolares. Con los útiles no había problemas, eran libros y folletos que se podían pasar de mano en mano. Pero con la ropa y zapatos usados, el niño se sentía menospreciado. No les extrañe que en la escuela ciertos compañeritos se burlaran porque andaba con zapatos y pantalones usados.

Varios psicólogos consideran que esta situación puede afectar la futura personalidad de ese muchacho. A lo mejor desarrolle sentimientos negativos hacia su hermano mayor. O cuando tenga su familia, exagere en la compra de zapatos y útiles escolares para sus hijos. Hay casos en que personas se ofenden cuando algún familiar les regala ropas o zapatos. Pueden pensar que esa acción lo que significa es que los consideran incapaces de poder comprar esos artículos nuevos. Si son de marca, el sentimiento puede ser peor. Aunque parezca mentira, dar ropa, zapatos y artículos personales a otras personas que pueden ser familiares o no, es una acción delicada.

¿Qué hacer con artículos que ya uno no usa? En otros países hay asociaciones cívicas y religiosas que reciben ropa y calzado usado para distribuirlo en barrios pobres, o en países subdesarrollados. Existen algunas ideas exóticas al respecto. Recuerdo que hace años, una señora me dijo que no regalara a otros mis artículos personales. Pensé que ella era egoísta. Explicó que los objetos personales están llenos de la energía de sus dueños. Si llegaban a personas negativas podrían afectarnos. Me aconsejó que quemara mis ropas y zapatos antes que regalarlos.

Por suerte no todo el mundo piensa así. Hay quienes desean conseguir algo de dinero con lo que ya no usan. Mi mente se fue por el “túnel del tiempo” a las ventas de patio de la Zona del Canal en los años 50. Muchos panameños compraban barato artículos de los soldados que regresaban a Estados Unidos. Hasta automóviles se conseguían. En el extranjero se encuentran los “Mercados de las Pulgas”. Usted puede conseguir muy baratos artículos que ya no usa la gente. Aquí en Panamá algo parecido ha existido en el Terraplén por muchos años. Lástima que la alcaldía no tenga visión y piense acabar con este lugar histórico…