Diálogo sincero
La amenaza de huelga en el sector docente es el reflejo de la crisis general por la que atraviesa la sociedad panameña, en la que parecen prevalecer intereses de grupos por encima de las grandes necesidades nacionales.
Por un lado tenemos a los gremios, que pueden tener justeza en sus luchas, pero el costo social de los paros que hacen es alto, al hundir la educación panameña en las miasmas de la mediocridad. Es necesario que las luchas se desarrollen sin perjudicar a terceros, como en este caso es el estudiantado nacional.
Por otra parte, tenemos un gobierno que ha sido totalmente inepto y sordo a las reclamaciones de los docentes, que incluso han sido planteadas y formalmente decididas en acuerdos previos que, en la práctica, no se han cumplido.
No se puede culpar a los educadores sufridos, a los que mandan a regiones inhóspitas a dictar clases, ayunos de recursos y con pagos atrasados, sumiéndoles en un estado de desesperación ante la incertidumbre económica.
Pero más allá de las reclamaciones salariales, el Gobierno tiene que entender que el sistema educativo panameño está hecho un desastre, con escuelas cayéndose, con planes de estudios atrasados y desfasados, en medio de polémicas por las benditas guías sexuales elaboradas por el Meduca que han creado un clima de confusión generalizada entre los padres de familia.
El Gobierno Nacional, como la parte más fuerte en esta relación negociadora, debe procurar un clima transparente para que el diálogo con los gremios educativos no degenere en dimes y diretes, que obligue a los líderes a decretar huelgas que no benefician a nadie.
Así como hubo plata para aumentarles a otros sectores gremiales, debe haber para cumplirles a los educadores, y estos a su vez deben entender que paro es sinónimo de daño a los estudiantes.
A los docentes serios, alejen de la mesa de negociación a los cabeza caliente que todo lo quieren arreglar con protestas callejeras.
Y al Gobierno, que deponga la improvisación y la soberbia y cumpla con acuerdo ya pactados.
