Opinión - 06/7/16 - 12:00 AM

Diamante

Por: Josefa Marín Rubio Periodista -

Sobre una delgada rama se dibujaba una frágil figura, alzaba su pequeña cabeza con decisión hacia lo alto de la copa del árbol. Erguía con firmeza su alargado pico recibiendo como bendición la cristalina y perfecta gota de agua que desde lo alto se deslizaba cual preciado diamante. Alegremente se limpiaba esa gota transparente sobre su emplumado pecho, extendiendo luego sus delicadas alas en un repetido ritual de aseo. Era un hermoso colibrí que celebraba la tarde. Llena de sol primero, segundos después nubosa desprendiéndose finas agujetas de lluvia guardadas en el cielo de junio...

Minutos después, los tonos de verde claro fueron tornándose más intensos hasta casi volverse oscuros. La brisa se convirtió en frío y entre las montañas apareció de prisa una espesa neblina que pintó de blanco los montes. En medio de esa paleta natural de colores y cambios de tiempo vino a mi mente la bulliciosa ciudad de Panamá... Ruidosas calles atestadas de autos, cuyos conductores olvidan ser precavidos ante el volante, una urbe nada amable con aceras rotas, causante de una especie de ansiedad colectiva que ocasiona un torrente de reproches sociales por falta de agua limpia, alimentos caros, caminos en mal estado, ausencia de salud y políticas públicas que favorezcan el progreso ciudadano.

Una y otra vez, el diamante en aquella gota de agua que tanto disfrutaba en su ritual el colorido colibrí de aquel árbol quedaba lejano ante la incertidumbre de la vida cotidiana de las ciudades que, como la de la capital panameña trae intranquilidad por lo que muchos consideran es falta de planificación y visión para gobernar sobre las necesidades de mejor educación y seguridad de un pueblo. La latente preocupación porque la administración de dinero para invertir en desarrollo no refleja el avance de la modernidad en los campos es tan creciente como la pertinaz lluvia que se convierte en un raudal de voces pidiendo oportunidades de trabajo para poder comer y pagar las deudas. Que la intolerante violencia no opaque el brillo de nuestro diamante común que es Panamá.