Opinión - 01/7/16 - 12:00 AM

¡Dictadura perfecta!

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Con la sumisión  de un grupo de diputados “tránsfugas” de Cambio Democrático (CD) y del Partido Revolucionario Democrático (PRD), el oficialismo dirigirá los destinos de la Asamblea Nacional y el mandatario Juan Carlos Varela logra tener en su  puño a los tres órganos del Estado y establecer la dictadura perfecta.

Desde su ascenso, Varela se ha esforzado por controlar directamente los organismos funcionales de poder como el Ministerio Público, el Consejo de Seguridad y la Dirección General de Ingresos (DGI) al frente de los cuales ha puesto obedientes servidores, que ejecutan sin chistar sus políticas de persecución y odio al adversario político.

El mandatario ha puesto de rodillas al Órgano Judicial con el nombramiento de complacientes magistrados que se sumaron a otros que tiemblan ante el temor de perder la papa, de modo tal que la justicia ha quedado sometida al poder omnímodo del jefe del Ejecutivo.

Los diputados “tránsfugas” del CD y  PRD que ignoraron sus principios políticos y partidarios para entregarse a Varela, deberán responder en el futuro cercano por el grado de responsabilidad que les cabe por haber contribuido a entronizar en el país a un todopoderoso que gobierna huérfano de apoyo popular y de espalda a las necesidades de la sociedad.

Los tránsfugas, sin el menor desparpajo y para deshonra de ellos mismos, entregaron al Órgano Ejecutivo  la independencia de la Asamblea, con lo cual la función legislativa deviene en inútil e innecesaria porque ¿de qué sirve un Parlamento que no puede cuestionar al presidente? ¡De nada!

Diputados que deben ser expulsados tanto del PRD como del CD no entienden que fueron electos para ser oposición y no para transformarse en eternos políticos oficialistas, lo que los convierte en una vergüenza para su electorado, que descubre que esos parlamentarios no tienen ningún grado de dignidad y venden hasta su alma por partidas y prebendas.

Ese tipo de actitud de políticos vendidos son los que desprestigian a instituciones como partidos políticos que ya no tienen ideología, generan rechazo en la sociedad y dan margen para que en un futuro cercano surjan elementos antisistemas o revoluciones populares.

En fin, ¿qué se le puede pedir a un diputado que no respeta ni las propias decisiones del partido al que pertenece? Ese tipo de político no vale ni un centavo. Si con el Gobierno anterior esa práctica era cuestionable, hoy lo sigue siendo; además, en una verdadera democracia resulta repugnante la noción de que todo el poder esté concentrado en la voluntad de un individuo.

Como bien se decía a sí mismo Martín Lutero, “frailecillo, frailecillo, transitas por un camino difícil”, así le dirá el pueblo a Varela que parece que le gusta más la confrontación que el diálogo.