El peligro de escribir
Tomado www.revistafamilia.com.ec
Marie von Ebrer-Eschenbach dijo que cuando las mujeres empezaron a leer comenzó el feminismo. ¿Será? En todo caso, el escritor Stefan Bollmann sostiene que es más preciso señalar que las reivindicaciones por un mundo más justo realmente comenzaron con la escritura. ¡Cuando ellas tomaron la pluma, comenzó la pelea!
Bollmann es autor de “Las mujeres que escriben también son peligrosas”, con cuya bellísima edición de Maeva (fotos, papel, pasta dura, un diseño glamuroso...) intenta estar a la altura de un texto apasionante, personal y reivindicativo -pero también informativo y riguroso- sobre la literatura de las mujeres de Occidente.
El artista alemán, que ya había llamado la atención por “Las mujeres que leen son peligrosas”, explica que ellas han tenido que afrontar varias luchas en el campo de la producción de literatura, batallas ganadas una tras otra.
Primero, para que se les permitiera leer, pues antes no podían acceder a los textos que disfrutaban los varones.
Luego, para que se les dejase elegir libremente los libros, pues se los “daban escogiendo”, hasta finalmente obtener el derecho a escribir. Por supuesto, todo entre los infaltables prejuicios, envidias e injusticias.
Bollmann ofrece una nutrida galería de escritoras de los últimos 250 años de Europa y Estados Unidos, aunque el noveno y último capítulo lo dedica a siete rostros de la literatura mundial más contemporáneos, como la inglesa Doris Lessing, la argelina Assia Djebar, la chilena Isabel Allende y la israelí Zeruya Shalev.
Lo primero que Bollmann evoca es el gran alegato de Christine de Pizan, considerada (por los varones, claro) como la primera escritora profesional de la historia y que exigió una revisión crítica de los libros. Para la laica veneciana, los hombres habían retratado a las mujeres desde su exclusivo punto de vista y formaron los clichés misóginos (ellas son amas de casa, madres, proveedoras de placer, poco aptas para la guerra...). ¿Por qué no dejan que las mujeres también escriban?
Con ese punto de partida, Bollmann ofrece un vistazo a las mujeres escritoras y su tiempo. Desfilan Hildegard Von Bingen, natal de Alemania (quien enfermó porque se le prohibió escribir) y la francesa Madeleine de Scudéry (que eligió el celibato y luchó contra la tutela de su hermano mayor).
Pasan Mary Wollstonecraft (que pidió una revisión de los modales femeninos) y Mary Shelley (autora de la famosa historia “Frankenstein” e hija de la anterior). Aparecen Germaine de Staël (cuyo enorme texto sobre Alemania fue censurado por Napoleón) y George Sand (que en realidad se llamaba Aurore Dupin, pero que debió tomar un nombre masculino para, paradójicamente, existir por sí misma y vivir de la literatura).
En fin, la lista es larga y apasionante. Bollmann cautiva con este libro, cuyo mérito también radica en despertar la curiosidad y buscar directamente los textos escritos por estas peligrosas mujeres.
