Entre lobos
El Señor de la mies, nos envía "como corderos en medio de lobos", sin bolsa ni cayado, ni sandalias. San Juan Crisóstomo comenta este pasaje diciendo: “Mientras somos ovejas, vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero, si nos convertimos en lobos, entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del Pastor.
Este, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y, por esto, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder.”
Como nos enseña el santo no debemos ceder nunca a la tentación de convertirnos en lobos porque el Reino de los cielos no se extiende por la fuerza del mal, sino por la entrega de nosotros mismos por amor, a imitación de nuestro Maestro y Pastor que murió pidiendo perdón por sus verdugos. El apóstol san Pablo nos comenta que: “No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.”(Romanos 12, 21) Jesús vence al mundo por la fuerza de la Cruz, que a los ojos del mundo no soluciona nada.
La palabra nos lo expresa de la siguiente forma: “El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan —para nosotros— es fuerza de Dios.” (1Corintios 1, 18) Esto nos lleva a prepararnos con las armas con las que tenemos que combatir el mal para que logre triunfar el amor y la paz.
Por ello hermanos cuando nos sentimos abrumados porque el mal nos ataca, es una gran tentación pensar que el mal nos va a defender, es decir, pagar mal por mal, pero tengamos fe en nuestro Señor y paguemos bien por mal y él nos defenderá.
