Opinión - 26/8/16 - 12:00 AM

Espiral de violencia

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¿Qué necesidad tenía la Policía Nacional de entrarle a garrotazos a manifestantes del opositor partido Cambio Democrático (CD), que esperaban fuera de la sede de Ancón la salida de su presidenta encargada, la abogada Alma Cortés?

La agresión es injustificable desde todo punto de vista, pero la respuesta a la interrogante precedente parece apuntar hacia la rabieta de alguien que no le gustó la decisión del Segundo Tribunal Superior de Justicia, que como decimos en buen panameño, “le dio calle” a la dirigente.

Lo cierto es que cuando el garrote policial -con la complacencia gubernamental- cae sobre la cabeza de un ciudadano que protesta pacíficamente, significa que vamos rumbo a la violencia.

Si a la judicialización de la política le sumamos la represión a las manifestaciones de descontento popular, el alza de los productos de primera necesidad, el desempleo y la violencia delictiva, definitivamente que tenemos que concluir que el país va a la deriva.

Panamá no pude darse el lujo de entrar en una espiral de violencia política y volver a repetir los sangrientos episodios de la lucha contra la dictadura en la década de los 80 que al final culminó con una cruenta invasión norteamericana.

Hacemos un enérgico llamado al presidente Juan Carlos Varela, a que cese ese afán revanchista, que lo que va es a traer luto y dolor, porque a la larga los pueblos se cansan del garrote policial.

Que prevalezca el diálogo y la tolerancia, sobre todo de parte del gobierno, que tiene que entender que sin oposición, lo que impera es la dictadura.

Tienen que entender que el mejor signo de una democracia saludable, es cuando a los opositores se le dan todas las garantías para que se manifiesten y los brazos funcionales del gobierno se mantienen al margen de la lucha partidista.

No se engañen los oficialistas, violencia trae violencia y en esa vorágine, salimos perdiendo todos.