Opinión - 14/9/16 - 12:00 AM

Estar preparado

Por: Por Roquel Iván Cárdenas Catequista -

Los soldados en la guerra están preparados y alerta para no ser sorprendidos por el enemigo. Esta realidad es usada para compararla con lo que nosotros llamamos batalla espiritual.

La primera cosa que debe hacer un buen soldado antes de entrar en combate es procurar conocer el campo de batalla, los enemigos y sus tácticas.

El campo de batalla es nuestro corazón, los enemigos son el mundo, la carne y el demonio, y sus tácticas favoritas son la indiferencia, ingratitud, tibieza y acedía.

El catecismo en el artículo 2094 nos lo describe: “Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios. La indiferencia descuida o rechaza la consideración de la caridad divina; desprecia su acción preveniente y niega su fuerza.

La ingratitud omite o se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza es una vacilación o negligencia en responder al amor divino; puede implicar la negación a entregarse al movimiento de la caridad.

La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino”. Por eso el Señor nos advierte: “Estén ceñidos sus lomos y las lámparas encendidas”, Lucas 12, 35.

Hay personas que dicen creer en Dios, pero han permitido que su relación con Dios se enfríe. A tal punto que siente antipatía por todas las cosas que nos acercan a Dios.

Seamos valientes y demos el primer paso, ¿qué tenemos que perder? Una vez visto esto, hay que tomar acción para evitar ser sorprendidos.

No descuidar la oración diaria, el examen de conciencia, la confesión frecuente, asistir a la misa, la lectura meditada de la palabra de Dios, la visita al director espiritual y la participación en un apostolado.