Opinión - 29/8/16 - 12:00 AM

Falsas

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Cuando me enteré de que en los primeros seis meses de este año, la policía recibió más de doscientas sesenta y cinco mil llamadas falsas, mi mente se fue por el “túnel del tiempo”. Por lo menos una vez las llamadas falsas a las autoridades fueron en forma de protesta contra la invasión de soldados de EE.UU. para controlar un movimiento popular llamado “Inquilinato”. Eran los años veinte del siglo pasado y hubo fuertes acciones del pueblo contra el problema de los altos alquileres y la falta de viviendas baratas. Había terminado el auge económico de la construcción del Canal. Miles de desempleados sufrían problemas, entre ellos el de los alquileres. Ante el temor de que las protestas se salieran de control, el presidente de la época pidió la “intervención” del ejército gringo de la Zona del Canal.

Esta medida era legal porque el Tratado del Canal lo permitía. Por allí se pueden encontrar todavía fotos de los soldados ¡acampando en el parque de Santa Ana! Los huelguistas rompían las cajillas de emergencia del Cuerpo de Bomberos para causar problemas en la ciudad. Esto me lo contó mi madre cuando yo era joven. No sé si Ud. estará de acuerdo con estas falsas alarmas. Pero estoy seguro de que, como yo, no justificamos que se hayan hecho más de trescientas llamadas falsas al día a la policía en los primeros meses de este año. La pregunta lógica es ¿por qué lo hacen? “En lo profundo de esos sinvergüenzas debe haber algún trastorno psicológico que les produce satisfacción por la maldad que ocasionan. ¿No comprenden que con su actitud pueden causar daños a la salud y propiedades de personas inocentes?

Los esfuerzos humanos y materiales de la policía al acudir a los falsos lugares podrían evitar que se actúe a tiempo en hechos verdaderos. No creo que haya tantos bromistas en la ciudad que hagan esto para divertirse. Sobre todo porque las falsas llamadas pueden considerarse una falta grave o un delito contra la seguridad ciudadana. Imagino que la policía cuenta con tecnología para identificar a estos malos panameños y sancionarlos. Mientras muchos panameños se quejan de la falta de una atención rápida de las autoridades en hechos de sangre y robos, otros les dicen mentiras para alejarlos de sus obligaciones. Realmente esa actitud es muestra de la mala salud mental de algunos compatriotas.