Fraude
Gran parte de la historia político-electoral de Panamá se vivió bajo el estigma de los fraudes electorales, que en determinado momento revocó decisiones originales y tumbó presidentes. Ejemplo de esto fue el famoso “recuento de votos” que llevó al poder al doctor Arnulfo Arias, quien había ocupado el segundo lugar en aquellas elecciones.
El 25 de noviembre de 1949, la Junta Nacional de Elecciones hizo un recuento de los votos de las elecciones de mayo de 1948 y declaró que Arias había ganado los comicios.
En la década de los 50 y 60 se impuso la moda del robo de urnas, en el que a punta de pistola los sicarios electorales asaltaban los centro de votación y se llevaban la urna con los votos. Muchos personajes de la política criolla se hicieron famosos por haber sido “roba urnas” al servicio de tal o cual partido político.
En 1984, Arias perdió las elecciones por supuestos 1,713 votos de diferencia, comicios en los que los militares con el entonces Partido Revolucionario Democrático (PRD), manipularon para seguir gozando del poder a costa de burlar la voluntad popular.
Para 1989, los militares anularon las elecciones tras la aplastante victoria de la nómina Endara-Arias-Ford, pero luego de la invasión, se reconocieron los resultados.
En esta época moderna, en la que la era digital se impone, los fraudes electorales no han desaparecido, sino que se han hecho más sofisticados. La experiencia internacional demuestra que los llamados “hackers” o piratas informáticos pueden cambiar los resultados de una elección.
Por ello no debe tomarse a la ligera las denuncias que se han hecho sobre la existencia de piratas informáticos que pudieran haber alterado el resultado de las elecciones de mayo del 2014.
El Tribunal Electoral debe despertar de su letargo e investigar a fondo si estas irregularidades e inconsistencias pudieran haber afectado el recuento final de votos.
Con la tecnología al servicio del mal, se puede hacer mucho daño y el hecho de que ganara el que menos posibilidades se le veía de triunfo, da para meditar.
