Gobernabilidad
El llamado pacto de gobernabilidad entre panameñistas y perredistas, dentro de la Asamblea de Diputados, es como una frágil nave en medio de un mar, pronta a naufragar y esto es así, porque este acuerdo no está basado en puntos programáticos sino en coyunturales, apetencia de poder e intereses políticos.
Para muestra dos botones: hace poco el presidente de la Asamblea, el panameñista Adolfo Valderrama, pidió la suspensión de la discusión de las reformas electorales en la comisión legislativa presidida por el perredista Pedro Miguel González; durante la citación al Pleno de la contralora, el panameñista Luis Barría se salió con una resolución de destitución de la funcionaria, que no fue consultada con sus socios del PRD.
Este cuento de la gobernabilidad nadie lo cree y es que veteranos de ambos partidos saben que el PRD y el Panameñista, históricamente han sido como el agua y el aceite. El partido del 11 nació para justificar el golpe de Estado dado a Arnulfo Arias en 1968, que desbancó del poder al partido del hombre del cántaro.
Tal como lo han denunciado los viejos cuadros políticos de ambos colectivos, ese pacto de “gobernabilidad” está pegado con saliva, y en cualquier momento se romperá, cuando el enfrentamiento de los intereses partidarios y de clanes de poder en ambos partidos, se agudice, lo que ya está sucediendo con el caso de las reformas electorales y la citación de la contralora.
Que los diputados hagan una política limpia y transparente de cara al pueblo, no estos oscuros acuerdos de recámara, basados en mezquinos intereses.
