Gobernar a la brava
No hay duda de que el presidente Juan Carlos Varela se mantiene firme en su apuesta por la persecución y la violencia.
Los hechos acaecidos en Gualaquita, Chiriquí Grande, provincia de Bocas del Toro, demuestran que el Gobierno ha entronizado el argumento de la represión como respuesta a las reclamaciones de los indígenas, opuestos al acuerdo de Barro Blanco.
Es indudable que existe un problema de cierre de vías en aquella región, que amenaza con extenderse a otras provincia donde los originarios tienen presencia, pero el Gobierno en vez de mandar a negociadores inteligentes y tender puentes de diálogo, lo que manda es a miembros de la Policía Nacional a dar garrote y tirar bombas lacrimógenas, pero luego alegan que los heridos son inventados.
Este estilo de gobernar a la brava, sin escuchar, sin buscar consensos, a la larga le va hacer daño al Gobierno, ya que por un lado se va a reflejar en las urnas en las elecciones del 2019, en las que seguramente los oficialistas de hoy y quienes hagan alianzas con ellos se quedarán a la vera del camino.
Pero no hay que ir tan lejos, la represión a los manifestantes del partido Cambio Democrático (CD), que emerge como única fuerza de oposición en el país, así como a los indígenas son muestras palpables de un estilo de gobierno autoritario, ayuno de diálogos y consensos.
Que entiendan los actuales gobernantes que el país no les pertenece, ellos fueron electos a gobernar para el pueblo porque tal como reza el artículo 2 de la Constitución Política: “El poder público solo emana del pueblo”.
No entender esto es exponerse a que mañana todo un pueblo se tire a las calles, en demanda de un régimen auténticamente democrático y que realmente sepa responder a sus aspiraciones y necesidades. ¡Pelen el ojo y cambien el rumbo!
