Grupos de presión
En las democracias funcionales, la existencia de grupos de presión o “lobbies” que defienden sus intereses e intentan influir de una u otra manera sobre las decisiones gubernamentales, es normal e incluso necesaria, ya que son una expresión de la voluntad de segmentos de población organizada.
Sin embargo, en Panamá, estos grupos se han desnaturalizado y son utilizados para fines ajenos a la base filosófica que según los cientistas políticos, le dan origen, esto es, defender sus intereses, fuera de las esferas político-partidarias tradicionales.
En nuestro país, folclórico como siempre lo ha sido, los grupos de presión surgen coyunturalmente al calor de la política, y luego cuando alcanzan sus objetivos, se disuelven.
Ejemplos palpables los hay, uno de los más paradigmáticos fue el llamado “Frente guacho”, constituido por los más disímiles personajes, de izquierda, derecha centro, que ideológicamente no tenían nada en común, salvo el inconfesado objetivo de torpedear la gestión del entonces presidente Ricardo Martinelli.
En el presente, los más conspicuos representantes de esos grupos están emplanillados en el Gobierno de turno, con cargos que van desde ministros de Estado hasta directores y subdirectores de entidades autónomas, pero más frecuentemente se les encuentra como “asesores”, ganando jugosos salarios.
Los que no logran enganchar en el gobierno se les ve lanzando una que otra crítica en las redes sociales con las esperanzas de que se fijen en ellos y los “pongan a vivir”, como se dice en el lenguaje popular.
Lo que aquí llaman “sociedad civil”, no son más que “bulleros” buscando acomodo. Prueba de ello es que ya ni suenan ni truenan, claro, no podía ser de otra manera, ahora están todos nombrados en la planilla y es de mala educación hablar con la boca llena.
