Opinión - 09/6/16 - 12:00 AM

Héctor Gallego

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Uno de los misterios sin resolver de la pasada dictadura militar es la desaparición del sacerdote colombiano  Héctor Gallego, que fue sacado por la fuerza de su hogar en Santa Fe, de Veraguas, en una fecha como la de hoy, hace 45 años.

La desaparición del cura Gallego y el paradero de la cabeza de Hugo Spadafora son misterios  de cuyos entresijos tienen mucho que explicar los militares.

Héctor Gallego llegó a Panamá de la mano del entonces obispo Marcos Gregorio McGrath, quien lo conoció durante una actividad pastoral realizada en Medellín, en 1965, cuando Gallego era apenas un seminarista, pero con hondo sentido y vocación social.

El sacerdote colombiano organizó a los campesinos de Santa Fe en cooperativas, les enseñó a luchar por sus derechos, participó en programas de radio en emisoras católicas, actividades que le ganaron la animadversión de los gamonales y terratenientes, coludidos con la naciente dictadura castrense.

Como es sabido, Gallego fue capturado y más nunca se le volvió a ver, pero algunos militares afirman que fue enterrado en el área de “motor pool” del antiguo cuartel de Los Pumas.

Desde hace años, la familia de Gallego reclama que se reabran las investigaciones para determinar si alguno de los restos de cuatro personas encontradas en el cuartel de Los Pumas corresponden a los del sacerdote.

Panamá tiene una deuda con los Gallego. La madre de Héctor murió de tristeza y su último deseo fue estar enterrada junto a los restos de su hijo. No entendemos por qué los gobiernos y el Ministerio Público ha tardado tanto en realizar las pruebas concluyentes para determinar si los restos encontrados hace 17 años en el sector de “motor pool” son los del sacerdote amigo de los campesinos. ¿Qué se esconde? ¿A quién se quiere proteger? ¡El país necesita saber la verdad!