Opinión - 18/8/16 - 12:00 AM

Indagatoria y secretismo

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Si había alguna duda del carácter perseguidor y revanchista del actual régimen, la detención de Alma Cortés, exministra de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel) y dirigente del único partido de oposición, Cambio Democrático (CD), no deja lugar a dudas de que el resentimiento, la persecución y el revanchismo se han erigido en políticas de Estado.

Basta recordar que durante el quinquenio pasado, Cortés, en su calidad de titular del Mitradel, le tocó dar seguimiento a una denuncia en el sentido del incorrecto pago del salario mínimo legal establecido en empresas de poderosos de turno.

El encarcelamiento de Cortés es injustificable, toda vez que desde el principio se ha mantenido en el país enfrentando políticamente al régimen de turno, su detención no se explica, sino en función del deseo de acallar su voz, ya que jurídicamente no hay argumento para privarla de su libertad. Se busca pasar una vieja factura por su actuación al frente del Mitradel.

Por otra parte, llama la atención la sospechosa actitud del interino fiscal sexto, de no llevar a Alma a las instalaciones del edificio Avesa como corresponde para ampliarle la indagatoria.

¿Será que el fiscal temía a las manifestaciones de simpatía de los seguidores de Cortés?, ¿no deben acaso los funcionarios de instrucción mostrarse por encima de las simpatías o antipatías?

La actitud del funcionario es clara: aislar a la dirigente del calor de sus simpatizantes, doblegarla moralmente en el encierro, con lo cual, más que un agente de instrucción, se convierte en un verdugo psicológico que busca quebrar la voluntad de la detenida.

Ya se supo cómo y cuándo se armó el caso de los pinchazos telefónicos, ojalá que el Ministerio Público con esa misma energía que gasta en doblegar a la presidenta encargada de CD, abra una sumaria, pero poco probable porque la jefa de la procuraduría forma parte de la misma camada.