Infiernillo político
B ueno, bueno, tal vez el mayor obstáculo enfrentado por el gobierno del presidente Varela es uno heredado de tiempos cuartelarios: el satanizado transporte. Por cierto que
B ueno, bueno, tal vez el mayor obstáculo enfrentado por el gobierno del presidente Varela es uno heredado de tiempos cuartelarios: el satanizado transporte. Por cierto que cuando los militares golpistas quisieron buscar apoyo popular, desbarataron el sistema de transporte urbano representado por empresas, y se lo entregaron a conductores sin experiencia en administración.
De paso, el resultado final fue la creación de grupos concesionarios que explotaban al denominado palanca, quien creaba desorden por lo lucha por el pasajero y lograr una mayor cantidad de vueltas.
Esto era un negocio en efectivo en el que circulaban diariamente miles de dólares. Pero también produjo irresponsabilidad que trajo como consecuencia los accidentes.
Como el negocio empezó a ser millonario, abrió el apetito a los intereses, y produjo una fiera competitividad por el pasajero.
Así llegó el momento para buscar la fórmula de monopolizar el negocio del transporte que 9 millones de dólares.
Crear cooperativas fracasó y el transporte siguió su ruta descontrolada hasta que dos incidentes (ninguno de los cuales es precisamente de los denominados “diablos rojos”) con saldo de varios muertos canalizaron la reestructuración del transporte.
Un poderoso ministro de Estado tomó las riendas en asocio de una empresa colombiana propietaria del transporte urbano bogotano, el cual tampoco es precisamente modelo de eficiencia.
Se llegó a la formación del nuevo consorcio del transporte urbano concedido en monopolio, mientras se gastaban millones en indemnizar a los propietarios de los llamados “diablos rojos” para sacarlos del mercado.
El asunto se vio como un buen negocio en el momento, pero no se hizo con estudios sobre el terreno ni tomando en cuenta la cada vez mayor cantidad de autos rodando diariamente por las mismas calles y avenidas ni la serie de obras de infraestructura que complican el tráfico.
La falta de rutas específicas con suficientes unidades y el embotellamiento crean una situación de fracaso para el nuevo sistema y la incorporación de los llamados “buses piratas” en nuestras calles.
Además, el intento de dar estacionamiento a los particulares que colman el centro urbano, cambiando a una sola vía varias calles para permitir que se estacionen, ha multiplicado el malestar de los usuarios.
Ahora el gobierno debe sentarse con las prestatarias del servicio de transporte urbano mientras busca cómo desalojar a los “piratas”.
Parodiando el viejo refrán: No hay mal que dure 100 años ni pueblo que lo resista.
Bueno, eso es todo por hoy, pero tranquilos que el próximo jueves habrá más.
