Opinión - 14/9/14 - 02:37 AM

Isaac Leonardo Benítez

Parte final del artículo titulado: En torno a la Retrospectiva de Isaac Benítez. Por: A. Herrerabarría. Noviembre de 1968.

Por José Morales Vásquez | Investigador de Arte

Parte final del artículo titulado: En torno a la Retrospectiva de Isaac Benítez. Por: A. Herrerabarría. Noviembre de 1968.

Pocos pintores como Rembrandt, soportaron con estoicismo tal, la pasión de crear con un dolor rayano en el martirio. La ruta de su escarpado y cruel peregrinaje tocó todas las estaciones de la amargura y el sufrimiento y aunque hubo matices en su existencia de felicidad, de gozo por la plenitud del oro y de la gloria, esta fugaz etapa la trocó su prójimo inmediato, en los veintiocho pasos que distan entre la angustia y la más abyecta humillación del Genio y el Mendigo…”

La horrenda explotación de la que fue víctima Benítez, agregaría ahora, proyectó en su obra esa alta entonación pictórica que jamás pintor alguno ha podido sostener en nuestra historia.

Lástima grande que se cometa tanta irreverencia con la imagen del artista muerto. Porque los mismos torvos personajes que hoy precipitan su deleznable existencia, por los peldaños que conducen al hipócrita proscenio, en donde pretendieron montar homenajes que hacen descansar más bien, en el acendrado sentimiento de usurpar atención y luctuosa publicidad que un sincero reconocimiento que jamás prodigaron al difunto. Realmente que así hasta da miedo morirse…!

Panamá, R.P., 30 de noviembre de 1968.

LA AGONÌA DE LA CULTURA.

EDITORIAL DIARIO LA “CRITICA” 11 DE NOVIEMBRE DE 1968.

La muerte de Isaac Benítez ha originado una serie de comentarios entorno a la indiferencia oficial y pública respecto a las cuestiones y problemas culturales. Pareciera que el deceso del pintor ha tenido la virtud de evidenciar una situación que antes pasaba inadvertida. Pero es falso. Porque nunca han faltado las voces imprecatorias ni las opiniones autorizadas que han llamado la atención sobre el triste y lamentable estado de la cultura nacional. Ahora no se ha hecho más que revestir un problema crónico con frases más o menos oportunas y en armonía con el momento. Y hasta ahí está bien.

Pero el buen recordar de la suerte del pintor Benítez, por lo menos hasta su desenlace definitivo, es compartida y sufrida por el noventa y nueve por ciento de los intelectuales, artistas y hombres de cultura panameños. De ahí que el mejor homenaje que pueda tributársele a quien sin duda fue uno de los máximos exponentes de la pintura entre nosotros, no sean las frases sentimentales, sino la eliminación de las circunstancias injustas y adversas que frenan nuestro desarrollo cultural y aniquilan a quienes dedican a ella sus mejores energías.

Porque es incuestionable, ha devenido en lugar común, que en Panamá la cultura es un concepto sin sustancia. Incluso se le mira con desprecio. El esfuerzo intelectual, artístico, ect., no halla eco, se pierde en la indiferencia pública y en la negligencia oficial. Y la consecuencia ha sido el atraso colectivo y el infortunio individual. Los hombre de cultura que han permanecido fieles a su idea, han concluido deshechos, física y moralmente; los otros han debido evadirse a otras actividades para no sucumbir. Porque aquí la fidelidad a los principios, a la cultura en este caso, se apaga con el sosiego económico. Quien tiene el coraje de invertir su tiempo en asuntos de índoles cultural debe resignarse a la miseria, y al escarnio en muchos casos. Ese es el precio. Y algunos lo pagan gustosos, aunque saben que su gesto tampoco cambiará las cosas.

Pero ya es hora que la agonía de la cultura acabe en nuestro país. Es tiempo que las entidades responsables cumplan con su deber, claramente establecido en la ley. Porque no es posible que la cultura siga siendo un concepto vacío o una actividad estéril. Es hora de que el esfuerzo del hombre de cultura panameño tenga un sentido y un destino; que su labor sea recompensada cuando menos por la atención del público y estimulada y prohijada por las dependencias estatales. Eso es lo menos que debe hacerse si no queremos continuar desperdiciando talento y trabajo; si no queremos que persistan el atraso cultural del pueblo y la frustración y el pesimismo de los intelectuales y artistas.

Continua.