Opinión - 29/2/16 - 12:00 AM

Jornada

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Con respecto a la jornada extendida en algunas escuelas, varios han hecho un alboroto en su contra. Recuerdo que cuando niño y adolescente, mis estudios todos fueron de dos jornadas. Por supuesto que eran otros tiempos: se podía ir al mediodía a almorzar a la casa paterna porque la ciudad era más pequeña y con menos vehículos. En esa época, en la mayoría de los hogares panameños se hacía el almuerzo. Sesenta años después, el desarrollo panameño ha hecho difícil para muchos almorzar en sus casas. La congestión de tránsito demora el traslado de las personas, sobre todo si viven en barriadas alejadas de los sitios de trabajo y estudio.

La jornada única en escuelas y colegios surgió principalmente como una medida económica. Gobiernos de hace muchos años, en lugar de construir más escuelas, prefirieron acortar las horas educativas. De esa manera, las instalaciones servirían a dos escuelas a la vez. No les importó si esa medida afectaba el rendimiento escolar. Hay que añadir que en los momentos actuales, la casa no es totalmente adecuada para proteger a los estudiantes. Existen malas influencias en las calles que llegan hasta los hogares. La maldad que antes era poca, ahora está casi incontrolable. Por eso han aumentado la delincuencia infantil y juvenil, la falta de valores en los chiquillos, el poco respeto hacia las autoridades y los padres. Entre los responsables están el mal uso de medios comunicativos y hasta leyes flexibles.

Por eso consideramos que la idea de aumentar las horas de clases tiene una intención positiva para la niñez panameña. El dinero que se necesite y los recursos humanos están bien empleados en esto porque de la buena formación de nuestros niños dependerá el futuro de la Patria panameña. Esas horas extras en la escuela deben ser aprovechadas para que los niños hagan sus tareas y no tengan que llevarlas a las casas, donde deben tener tiempo libre para la convivencia familiar. De esa manera van a desaparecer aquellos padres que les hacen la tarea a los hijos. Además, los educadores pueden darse cuenta de inmediato de las fallas que tiene el estudiante y corregirlas a tiempo. Hasta podría haber horas de reforzamiento escolar, que evitarían los miles de fracasos a fin de año. Y se deben mejorar los valores cívicos y morales de los estudiantes.