Opinión - 20/3/16 - 12:00 AM

Juan Manuel Cedeño 1914-1997

Por: José Morales Vásquez Investigador de arte -

Y cuando la patria es indisoluble de nuestra vida misma no hace falta la soberbia ni la grandilocuencia ni la retórica ni la pose. Todo ello resulta innecesario. Todos nosotros le vimos vivir, a todos nos consta, y era muy paradójico verle vestido de tanta sencillez y, diría, de increíble modestia.

Maestro de maestros, todo un mar de alma magnánima, inteligente, persuasivo y sobre exigente, es un vasto, rico y único ejemplo para todos, para perfilar al hombre panameño que debiéramos ser.

Me parece que su cabeza centellea otra vez en este instante y que en lo profundo de sus ojos hay lágrimas porque al morir produjo un dolor que no quería para nosotros.

Si somos consecuentes con él y le respetamos, tenemos que decirle: Juan Manuel Cedeño, permítenos este dolor porque cuando la necesidad de ti nos vuelva a invadir será un hecho cierto que solo será posible en el silencio volverte a escuchar. Por eso duele. Sin embargo, está enmarcada en oro y en polvo de estrellas su obra, una de las mayores y más completas de todas las que se han producido en Panamá. Queda la luz del que por encima del horizonte fue capaz de ser un adelantado, una vanguardia, una sobrecarga, un disparo de cañón sensible y certero.

Panamá tiene que saber que estas cenizas son, representan y significan una quintaesencia de esta tierra, la misma que tanto amó y que tanta angustia interior le produjo.

Una recurrencia, obsesiva, como de requemazón, de fuego, la cargó a cuestas. Muchos tuvimos el privilegio de discutirla con él, de compartirla con él: Juan Manuel Cedeño quiso, quería y querrá, aun después de este día en que descansará físicamente, un país independiente, un país soberano, una patria en libertad y una sociedad estructuralmente justa. Campesino telúrico, atenta ante tormentas, penas, desastres y, también, avances y conquistas de la nación panameña, supo con suma serenidad que la independencia de Panamá tiene y debe completarse.

En nombre de los discípulos, colegas y compañeros del artista, le pido que usted y su familia cuiden, desarrollen, informen, transmitan, divulguen y honren el legado artístico y cívico de Juan Manuel Cedeño. Estamos absolutamente seguros que será así, pero, como ya dije, la familia de Juan Manuel desborda las fronteras biológicas y todos aquí queremos transmitirle nuestro compromiso de ayudarles en esa tarea que sabemos es grande y abarcará mucho tiempo de dedicación y empeño. Estaremos allí, con la humildad requerida y con el amor debido.

La memoria nacional hay que seguir preservándola y corre que la vasta contribución de este querido y entrañable panameño es una fortaleza, un faro, un surtidor de lo que es Panamá. Ello implica una responsabilidad objetiva, un elemental deber para con él.