Opinión - 17/2/16 - 12:00 AM

La Anunciación

Por: Por: Roquel Iván Cárdenas Catequista -

El 25 de marzo celebramos la fiesta de la Anunciación, en la que conmemoramos el sí de María, con el que comienza el cumplimiento de las promesas que el Señor hace a su pueblo. Con su sí, la Virgen inaugura el Nuevo Testamento cuando acepta concebir en su seno al Emmanuel, el Dios con nosotros. Con su sí, Jesús se hace hombre y viene al mundo a destruir el poder de la muerte.

 

El poder del pecado y la muerte imperaban en el mundo. Pero el Señor no nos deja abandonados en las garras del mal, sino que quiso en su designio de amor liberarnos. Como nos enseña el apóstol de los gentiles: “Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos”. (Romanos 5,19)

 

De esta misma forma, el Padre Dios decide que si una mujer, Eva, contribuyó a la muerte, así mismo otra mujer, María, contribuiría a la vida. Con su sí, como la esclava del Señor, María, repara el no, que Eva le dio a Dios. Mientras la desobediencia de Eva trajo la muerte al mundo, la obediencia de la Virgen nos dio al mundo, a Jesús, que es la Vida misma que renueva todas las cosas.

 

Por eso, no es extraño llamar a la Virgen María la nueva Eva. Porque ella, abrazando la voluntad de Dios, colabora con corazón generoso al misterio de la Redención. Los padres de la Iglesia en su predicación afirmaban que: "El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; lo que ató la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe”.