La Cruz es para los que creen
El entendimiento profundo del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo pasa por el conocimiento de la santidad de Dios.
¿Qué padre sacrifica a su hijo para que otros se salven? ¿Qué persona se deja clavar voluntariamente en una cruz por rescatar la vida de todos? Humanamente es imposible entender estas cosas y como bien dice Isaías 7:9, en el texto Peshita: “Pero si ustedes no creen, tampoco comprenderán”. Dios no revela sus misterios a quienes no creen en la cruz de Cristo.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”, Mateo 16:24.
La vida de Cristo fue sacrificial. Los apóstoles y discípulos se sacrificaron. En 300 años de persecución del Imperio romano se estima que fueron asesinados entre 2 y 4 millones de cristianos. Por eso causa disgusto escuchar a los charlatanes hablar de una “vida bien” con la doctrina de la prosperidad y demás basura diabólica. Estos herejes blasfeman la sangre de Cristo al afirmar que todos los mártires cristianos fueron unos “perdedores y mediocres”, que fueron muertos por el nombre del Único nombre dado a los hombres para salvación.
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”, Hebreos 12:14. Nadie verá el rostro de Dios si no está en Santidad. “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”, 1 Pedro 1:16.
Hermanitos, el sacrificio de Cristo, quien siendo santo y sin pecado, murió para liberarnos a todos del pecado y de la muerte, 2 Cor. 5:21, fue para satisfacer a Dios, para honrar su nombre y glorificarse en su hijo, para que se cumpliera su palabra de verdad.
Para estar en santidad el cristiano debe erradicar de su mente los pensamientos del mundo, lujuria, deseos carnales, vanagloria y exaltación personal. Hay que tener la mente de Cristo y ser santos como el Padre, teniendo sus pensamientos y ponerlos por obra en nuestras vidas. Amén.
