La familia de ella en malos pasos
Monseñor Emiliani, mi situación es desesperante. Soy la menor de cinco hermanos y me quedé en casa cuidando a mi madre enferma. Mi papá y mis hermanos atienden una gran finca de ganado y tienen otros negocios.
Somos campesinos. No seguí estudiando por estar con mamá que lleva diez años postrada en cama con una parálisis extensiva. Mi papá tiene otra mujer en el pueblo y le da de todo. Ella es mucho menor que mamá. Dos de mis hermanos estudiaron y se graduaron en la universidad, pero siguen trabajando con mi papá. Mi papá y hermanos son respetados y temidos por mucha gente, ya que andan siempre armados y en defensa propia ya han matado a dos personas. Mi papá ha cambiado de carro, comprándose uno nuevo y de mucho lujo. Tiene dos nuevos tractores y está remodelando la finca y hasta ha traído nuevas razas de ganado. No creo que las ganancias normales le den para tanto. Temo que papá está metido en cosas de drogas.
Estimada señorita, sí está entrando la ruina en su casa. Su padre faltándole a su madre y ya ni él ni sus hermanos acuden al templo. Están echando a Dios de su familia. Creo que están metiéndose en terreno peligroso.
Duele que tres generaciones hayan trabajado tanto para tener su finca y las cosas que poseen, para que la codicia traicione a su familia, y por querer tener más y más dinero, caigan en la trampa de ese negocio tan malévolo.
Todo lo que hizo su bisabuelo, abuelo y papá con sus hermanos se irá al traste, será confiscado, y ustedes quedarán en la calle. Además de la vergüenza pública.
Le sugiero hable con firmeza, respeto, mucho amor y valentía con su papá y hermanos. Explíqueles qué pasa con estos negocios, si no se dan cuenta de las consecuencias que son cárcel, extradición o muerte al final; porque están recibiendo ahora mucho dinero y eso los enloquece. Converse con ellos para que tomen conciencia del mal que están haciendo, ya que están contribuyendo a que muchos jóvenes se sigan drogando y perdiendo la razón. Que llega un momento que se convierte en un camino sin retorno.
Que todavía están a tiempo. Que renuncien a ese negocio.
Sí, todavía están a tiempo. Que dejen ese comercio maligno. Que rompan los contactos con los que les mandan la droga.
Pero hable con sus papás y hermanos y pídales, exíjales que dejen ese negocio y que vuelvan la mirada a Dios. Que su padre deje a esa otra mujer.
Que nunca más echen al Señor de sus casas, sino más bien vayan al templo a las eucaristías y que oren en familia, lean la Palabra, congréguense en algún grupo de oración y recuerden que con Dios somos invencibles.
