La humilde obediencia produce frutos
La palabra de Dios nos narra en el Evangelio de Juan 21, 1-19 que después de la Resurrección, Pedro decide ir a pescar y le acompañan otros apóstoles.
Recordemos que uno de los primeros encuentros que Pedro tuvo con Jesús fue en su barca y aconteció una pesca milagrosa. Luego Jesús lo invita a seguirlo diciéndole que ahora será pescador de hombres.
Por ello, se considera la barca de Pedro como un símbolo de la Iglesia y la pesca representa el trabajo apostólico.
Volviendo a la narración de Juan, vemos que estuvieron tratando de pescar toda la noche. Pero no pescaron nada. ¡Qué fatigados deberían estar!, toda la noche trabajando y sin dormir. Y ¡nada!, no pescaron nada… ¡qué decepción! Para colmo de males, se acerca un extraño a pedirles resultados. A recordarles su fracaso: "Muchachos, ¿han pescado algo?". ¡Oh Dios! qué inoportuno, preguntarnos eso, ¿acaso no nos ve agotados? Pero además, el extraño les dice: "Echen la red a la derecha y encontrarán pesca”. Entonces Pedro y sus amigos ejercen la humilde obediencia.
Por ello, no solo obtienen los beneficios de sus esfuerzos, sino que además ven al Señor Resucitado. Hermanos, si queremos ver al Señor y obtener resultados en nuestras obras apostólicas, debemos ser humildes. Porque el Señor resiste a los soberbios y enaltece a los humildes.
Cada vez que nos vemos sumidos en los problemas y parece que lo que hacemos no da buenos resultados, busquemos la humilde y sincera obediencia al Señor para que lo que parecía imposible se vuelva realidad.
Por ello, pidámosle al Señor que durante este tiempo de Pascua, nos regale un corazón humilde para que demos frutos abundantes de conversión.
