La incultura panameña
Estamos en el noveno mes del año 2014 y miren que los temas culturales son tapados por los comentarios improductivos y chabacanos que nos caracterizan. Que si
Estamos en el noveno mes del año 2014 y miren que los temas culturales son tapados por los comentarios improductivos y chabacanos que nos caracterizan. Que si el nepotismo campea otra vez en la República. Que si la clase política permanece encadenada a las rencillas antediluvianas argumentando vetos, odios, impugnaciones masivas y favoritismos. Que si los ministros Chucho, Jacinto y José son la misma cagada que los anteriores, pero pintada. Mientras tanto, la indisciplina nacional sigue carcomiéndonos, lo que provoca circunstancias propicias para que los delincuentes de todos los pelambres se apoderen de los principales recursos de la nación, uno de ellos determinante para el desarrollo: nuestros adolescentes.
La cultura no es solo un tema que afecta a un par de “emperifollados” panameños que se consideran intelectuales o a un puñado de instituciones paga planillas. La cultura o la falta de ella es la culpable de las balaceras, atracos en los restaurantes, intolerancia, la bulla y agresiones en términos generales y muy particulares a los educadores amenazados y golpeados por culicagados malcriados en sus hogares como si fuese una gracia. Solo a través de una política cultural con mucha disciplina que transforme el espacio público y la relación del ciudadano con su entorno en ciudades y pueblos se podrá salir de la “barbarie” que nos azota, antes de que los estudiantes mediocres (que aquí premiamos) impongan la moda de otros países no tan lejanos en donde las gracias del “gueto” y de “rabis” más celebradas son las que cuentan cómo atropellan a los profesores a punto de jubilarse. Los tumban a golpes en los pasillos, les quiebran los lentes y les lanzan el maletín tres pisos abajo. Antes de ese preludio del Apocalipsis, todas las escuelas, “desde ya”, deben ser militarizadas, aquí hay plata para esa inversión trascendental, rescatemos con la razón y la fuerza nuestro “pro mundi beneficio”.
