Opinión - 25/9/16 - 12:00 AM

La joven que se prostituyó

Por: Por Rómulo Emilliani Monseñor -

Eran las cuatro de la tarde de una lluviosa tarde en San José, Costa Rica. Me piden que atienda a una joven de 19 años que al llegar lo primero que me dice es: “Vengo porque mi abuela me tiene cansada de insistirme que lo vea a usted, pero nadie puede hacer nada por mí”. Era alta, de pelo negro, con ojeras, una mirada triste, vestida con una blusa ajada y pantalones desteñidos. Al sentarse observo en sus brazos unas manchas moradas y en la muñeca izquierda unas cicatrices pequeñas en forma de rayas. Me dice: “No tengo ganas de vivir. Todo esto es basura.

Cuando dejó ella de hablar le empecé a describir lo que es una persona creada por Dios: la belleza del alma, su esencia que es buena, que el pecado no puede destruir la imagen y semejanza de Dios que tiene cada alma. Que Dios es bueno, misericordioso, que perdona, que siempre nos da otra oportunidad y no se cansa de amarnos. Ella de vez en cuando interrumpía y decía: “Sí, todo eso muy bonito, pero yo no valgo nada y no quiero vivir”. A todo eso, a veces yo ya guardaba silencio y me limitaba a bendecirla sin decírselo. Terminó la hora de conversación y le dije que si quería podría volver. Salimos de la sala de consejería y la esperaba una mujer de unos treinta años que dijo ser su prima.

Esa frase que ella repetía a cada rato: “Pero total, yo no valgo nada”, se me quedó grabada y martillaba mi cabeza a cada rato. “¿Qué peso negativo tendrá esa frase; qué daño puede causar en una persona, hasta donde la puede llevar?”. Y descubrí que es un mensaje directo de Satanás para que se le grabe a una persona y comience su degradación, el deterioro gradual, su lenta destrucción. Cuando una persona no se valora, no se quiere, no se respeta, se presta a cualquier cosa con tal de satisfacer sus instintos, de sentirse bien, aunque sepa que se va destruyendo. Es asunto de autoestima. Ahí está la clave. Creo que todo drogadicto, alcohólico, prostituta, sicario y gente degradada se cree eso.

En cambio en la Biblia, siempre se ve que el hombre le importa mucho a Dios. Que el Señor siempre está pensando en el ser humano y más aún, Dios se hace hombre y Cristo Jesús muere por todos nosotros, nos abre las puertas del cielo y nos eleva por pura misericordia a ser hijos de Dios. Pues la muchacha volvió a verme. Un día cada semana por dos meses. Otro día cada semana asistía a terapias con una psicóloga cristiana que le conseguí. Empezó a asistir a retiros juveniles. En dos años cambió totalmente. Creyó que valía mucho, que tenía un valor infinito porque Cristo murió por ella. Y con Dios ella se hizo invencible.