La línea
No cabe duda de que la línea editorial de los medios de comunicación la definen los intereses e ideologías de sus dueños o accionistas. Si se trata de un medio estatal, obedecen al gobierno de turno. En la política norteamericana, medios como el NY Times y CNN apoyan la filosofía demócrata, y Fox News, la republicana. Pero hay una frontera subjetiva y peligrosa que divide la línea editorial de un determinado medio y la utilización del mismo como arma y escudo para defender o destruir a ultranza, desobedeciendo los principios sagrados del periodismo, como informar con la verdad ante todo, sin importar los amores u odios personales.
En las elecciones de 2009, había tal euforia nacional con el proyecto del cambio que hasta los medios de comunicación parecían publicistas contratados por la campaña de Ricardo Martinelli. Recuerdo los comentarios emocionados de “Bobby” Eisenmann y otros politólogos alabando al candidato y su equipo de trabajo, augurando tiempos de leche y miel para el país, de ser electo Martinelli. Grandes empresarios e intereses económicos se montaron en el tren del triunfo para llevar un cambio a los panameños. No esperaron a que el recién electo presidente Martinelli calentara la silla, cuando los dueños de estos medios y poderes socioeconómicos lo abordaron para exigir prebendas por su “incondicional” apoyo, a través de nombramientos de funcionarios y magistrados, contratos directos, licitaciones amañadas, concesiones y hasta pidieron ser favorecidos en fallos judiciales. Ahí es donde se agrió la leche. Con Martinelli se acabó lo que se daba. Por supuesto, con el mismo entusiasmo demostrado en campaña, estos dueños de medios enfilaron los cañones contra la administración, manipulando a la opinión pública con el fin de conseguir a las malas, lo que ellos reclamaban. Al no ceder ante tales extorsiones, estos poderosos despechados, impusieron a sus medios de comunicación una línea editorial indeleble para acabar con la reputación del gobierno y sus funcionarios.
Algo que no terminan de entender quienes controlan los medios es la responsabilidad que tienen con la democracia de un país, pero más puede el sentimiento enfermizo de hacer daño y salirse con la suya que el interés superior de una nación, cual es transmitir información veraz, sin maquillajes ni contaminación. Cito el ejemplo de Barro Blanco, pues en la época de Martinelli los medios cubrieron el evento de forma exagerada, exacerbando las emociones para perjudicar al gobierno sin medir las consecuencias; a diferencia de hoy que minimizan la noticia para proteger a su aliado Juan Carlos Varela. Otro ejemplo tal vez peor, es la línea editorial de abrir innumerables espacios a los voceros del gobierno y sus allegados, mientras que le tienen un cerco informativo a la única oposición del país en las cuerdas vocales de Cambio Democrático. Cerrarle los micrófonos y apagarle las cámaras a la oposición de un país es poner en riesgo el pluralismo que sostiene el delicado balance institucional. Bien lo dijo Benjamín Disraeli: “Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible”. Nada es más cierto, pues vemos cómo, sin darle chance a la oposición, el gobierno de Varela se está cayendo por su propio peso.
Años sino décadas le toma a un medio de comunicación lograr respetabilidad y solo unos pocos días para perderla del todo. ¡2019 a la vista!
