La pésima educación sexual
La sociedad panameña lleva años dando gritos al cielo llevándose las manos a la cabeza por el número de niñas embarazadas que aumenta cada año en ciudades y pueblos, aun así considero que los jóvenes istmeños tienen absoluto derecho a enamorarse con todos sus atributos naturales cada vez que puedan, sobre todo, en las pocas oportunidades que les dejan las fastidiosas y ambiguas obligaciones escolares del sistema educactivo. Ahora bien, (como decía el profesor Campodónico en sus recesos) la educación sexual debería limitarse a la enseñanza de los métodos para evitar embarazos y enfermedades, punto. Agregar otros temas es innecesario porque confunden a los niños con la pornografía y el pecado. La culpa la tiene el Gobierno que deja tan delicado asunto en manos de “castos”, que con sus tabúes lo que provocan es que se generalice más la ignorancia y sea visible la cantidad de niñas menores de edad con las barrigas topándose con el cielo.
Dar educación sexual en las escuelas y los medios de comunicación no es suficiente. Primero porque un número considerable de los educadores permanece estresado por las deudas con los indostanes y las financieras. Segundo porque realmente las campañas publicitarias la mayoría de las veces confunden la educación sexual con la pornografía y el relajo inherente. Cuando lo pornográfico es la corrupción galopante y el poco importa del poder o los poderes del Estado. Lo pernicioso es que las actuaciones de los que mandan haya provocado que dibujen a la justicia como una ciega pendeja, que a la Asamblea Legislativa la vean como el hueco de una anaconda prostituida y al Ejecutivo como un gabinete de tortugas enyesadas.
Los “castos” no están contribuyendo con una verdadera campaña para que los embarazos en menores disminuyan. Yo resumo el trabajo actual en cuanto a educación sexual como una llamarada de capullos, o sea legítima pólvora para gallinazos. Limítense por favor a la enseñanza de las mejores formas para evitar embarazos en menores barrio por barrio o casa por casa. Pueda que en las escuelas, pero en esos panales inocentes de menores de edad, todo se olvida en los quince minutos de recreo. Dejemos que los pelaos disfruten como puedan de sus riquezas en este mundo tan jodido. Este artículo es patrocinado por el HR Gilberto Parrillón de La Represa, por Ferret, NG de Penonomé y por el Rest. La Tableña en Cerro Viento.
