Opinión - 03/5/16 - 12:00 AM

Libertad de prensa

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Hoy, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, proclamado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como un reconocimiento al importante papel que juegan los medios de comunicación como fiscalizadores del poder público y de vocería social en las sociedades democráticas.

Este año, la fecha adquiere para los panameños un significado relevante, ya que se da en medio del escándalo internacional conocido como los papeles de Panamá, donde el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, a través la prensa escrita, radial y televisada del mundo, destapó la trama subterránea de las sociedades “offshore” utilizadas para actos delictivos y creadas por el bufete Mossack Fonseca, vinculado al gobierno de Juan Carlos Varela. También persisten las amenazas del Gobierno de cerrar medios no complacientes, como los diarios de la Editora Panamá América, que se han convertido en tribunas de denuncia de los abusos del poder.

Esa es precisamente la esencia de la libertad de prensa, tener la capacidad, apoyada en la vigencia de las instituciones democráticas de un país, de poner al descubierto lo que los ocupantes transitorios del poder y sus cofrades tratan de ocultar.

Libertad de prensa es también la tolerancia del Gobierno ante las críticas que le hagan los medios de comunicación, ya que estas solo buscan mejorar la gestión oficial corrigiendo entuertos y errores.

Libertad de prensa también es la capacidad de fiscalizar al poder público sin que ese poder, electo por el ciudadano a través del voto, tome represalias o persiga a los críticos y fiscalizadores mediáticos.

Lastimosamente, el actual gobierno va en contravía de esa libertad, al imponer presiones y amenazas veladas con los medios críticos de la actual gestión.

Multas administrativas, como las que impuso el Tribunal Electoral a los diarios de Editora Panamá América S.A. y a la emisora KW Continente, amenazas de investigaciones tributarias a periodistas y medios críticos, diatriba cibernética y anónima contra comunicadores son apenas algunas de las actitudes hostiles del Gobierno que amenazan la libertad de prensa.

El Gobierno debe ser tolerante a la crítica de los medios de comunicación, que son los auténticos voceros de la sociedad; no hacerlo equivale a autoritarismo y persecución.