Opinión - 23/7/16 - 12:00 AM

Maestro, ¿guía o tracalero?

Por: Carlos Christian Sánchez Columnista -

De la adolescencia nos quedan recuerdos de aquellos maestros que marcaron nuestras vidas y nos brindaron la educación debida para ser profesionales que contribuyen al progreso de Panamá. Antes, el docente generaba respeto, era el magistrado supremo de las ideas que ningún alumno se atrevía a irrespetar. Es más, nos daban el ejemplo como guías de la juventud y las nuevas generaciones.

Hoy la realidad es otra. Hace dos años, los gremios docentes llegaron al punto de presionar al gobierno de turno aprovechando la coyuntura política en 2014 para obtener beneficios en sus prestaciones salariales. Claro, el aumento escalonado fue comprometido aunque todo el mundo sabía que dichos grupos respaldaban al candidato opositor de entonces, que les pintó todo bonito y juró les cumpliría sus exigencias si ganaba el poder.

Bien dice el dicho: “Mal paga el diablo a quien le sirve”. Y así fue. Esta semana, el Gobierno midió fuerzas con esos mismos gremios docentes que les respaldaron en las pasadas elecciones. Y, pese a estar negociando por 24 meses la forma de realizarse los aumentos salariales e incluso firmarse un decreto al respecto, los ministros varelistas se pararon de la mesa de negociaciones, suspendiendo el diálogo con los maestros.

Dos frases salieron a la luz de parte del Gobierno para estigmatizar las exigencias de los educadores: “Tienen a los estudiantes como rehenes” y “si no se levanta la huelga, no hay negociaciones”. Vaya intolerancia y poco tacto diplomático de algunos funcionarios prepotentes. Por supuesto, los maestros se enojaron, extendiendo la medida de fuerza de un paro de 72 horas a huelga indefinida.

Todo el mundo sabe que los educadores, como cualquier panameño con aspiraciones de superación, lucharán por lograr un incremento en sus remuneraciones. Si ya se les reconoció el aumento, es deber de las autoridades cumplir lo decretado. Pero también notamos una falta de vocación y esmero en los maestros para poner todas sus energías en enseñar a los estudiantes de las escuelas públicas. Por ello, si se les sube el salario, que se les evalúen académicamente o se mida su eficiencia como docentes.

Nadie gana en la huelga docente. El mayor perdedor es el estudiantado de los colegios oficiales. Ya el panameño común y corriente no puede darse el lujo de enviar sus hijos a planteles particulares, por ser excesivamente costosos en su anualidad.

Un alumno que pierde un día sin educarse corre el riesgo de ser un zángano más del sistema paternalista estatal. En vez de ser un profesional o emprendedor, estamos creando una generación dependiente, sin preparación académica esencial para contribuir con el progreso del país. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigos...