Opinión - 06/7/16 - 12:00 AM

Mandaderos

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No pasaron ni 24 horas hábiles de las órdenes que giró el mandatario Juan Carlos Varela al Órgano Judicial, para que dos magistrados –tal dóciles mandaderos- procedieran a un despliegue policial para realizar una diligencia judicial en las oficinas administrativas de la cadena supermercados 99.

Esa actuación no admite otra lectura: es un claro acto de intimidación contra el expresidente  y sus seguidores,  ya que el actual jefe del Órgano Ejecutivo se ha declarado enemigo jurado de Martinelli y recientemente anunció que  tiene el poder y lo usará para perseguir.

Frente a la realidad tangible de un gobierno huérfano de simpatía popular, incumplidor de sus promesas electorales y que no ha logrado resolver los problemas del día a día del pueblo panameño, su respuesta es la represión a las voces disidentes y proseguir la persecución política y el terrorismo judicial.

Pero el mal cálculo del gobierno, de los magistrados entregados al Ejecutivo y de los militares que idean ese tipo de operativos, no contaron que la población rechaza ese tipo de acciones, que más que una investigación buscan es hostigar a una empresa que emplea a 7 mil panameños.

En la mente de los panameños vinieron los iniciales capítulos de lo que hoy día es Venezuela, donde se arrancó a hostigar al sector privado y ahora se tiene un país quebrado y polarizado.

Ya el gobierno de Varela quebró la empresa Campos de Pesé, se han dado despidos en las empresas del Grupo Waked. ¿Qué busca ahora? ¿Puede su odio a Martinelli llevar a dejar a miles de panameños sin empleos? ¿Cómo un hombre que se dice religioso puede abrigar tanto rencor? Esas respuestas solo la tiene Varela y su conciencia, pero lo que está es sembrando es una permanente división en el país, que nos puede conducir a estadios que hoy sufren otras naciones hermanas.

Al mismo tiempo, llama a lástima que un magistrado ansioso de que lo ratifiquen en el cargo, se preste para todo y sea un peón de los intereses del Órgano Ejecutivo, olvidando su antigua trayectoria revolucionaria.

Quienes desde el Órgano Judicial se presten para la maldad deben recordar lo que dijo el insigne procesalista uruguayo Eduardo J. Couture: “De la dignidad del juez depende la dignidad del Derecho. El Derecho valdrá en un país en un momento histórico determinado lo que valgan los jueces como hombres. El día que los jueces tienen miedo, ningún ciudadano puede dormir tranquilo”.

Al final de todo, ese allanamiento no es más que un nuevo episodio del sainete intimidatorio montado por magistrados que obedecen las órdenes de su amo de turno. ¡Hay que tener dignidad y no venderse por un puesto!