Más CD que nunca
Cuando perdimos o lo que sea que pasó en las elecciones, Juan Carlos Varela arrancó una enorme máquina de odio institucional contra Ricardo Martinelli y sus personeros. Trajeron nuevos maquinistas como Freddy y Kenia, enlistaron viejos como Bobby, Mitchell, magistrados, sociedad civil y medios de comunicación.
Ante semejante embestida, algunos de los nuestros quedaron presos, otros se fueron del país y el poder popular representado en nuestras fuerzas electas fue neutralizado; algunos de los que rompieron filas no volverán.
El partido entró en modo de supervivencia. Aunque jamás nos avergonzamos, admitir ser CD era un riesgo. Los amenazados profesaban su simpatía a la luz de la vela o escudados tras las redes sociales.
Varela instauró una inquisición política en Panamá contra Cambio Democrático, una especie de hoguera mediático-judicial para acabar con el partido y sus líderes. Nada más persuasivo que el terror para callar voces, pero no nuestras creencias.
Cuenta la historia que cuando los judíos eran llamados por Torquemada, el creador de la Inquisición, les daban dos salidas: la negación forzosa y pública de su religión o la muerte, por lo que no les quedó otra que mantener vivas sus costumbres en la clandestinidad.
Aunque a Varela, el papel de inquisidor le cae como anillo al dedo, con JR Mulino la hoguera se le quedó corta.
Esa pira ardiente de tramoyas y excesos judiciales se fue extinguiendo con chorros de rebeldía, inteligencia y perseverancia. La libertad de Mulino es nuestra primera gran victoria y derrota de la inquisición panameñista. Y vienen más.
Pero esta la celebramos como un hito, pues nos recuerda el pasaje bíblico de David y Goliat. Diego de Saavedra Fajardo, quien vivió en la era de la Inquisición, dijo que “un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba”. Con Mulino, hemos salido del modo “sleep” y me atrevo a decir que la oposición tiene una nueva cara. Mientras los CD salen de la madriguera y se sacuden el sopor del miedo con el sentimiento de que somos más CD que nunca, los panameñistas están entrando en modo vergüenza, reinaugurando obras de Martinelli, niveles de transparencia del 20% y protagonistas del escándalo mundial más grande de todos los tiempos en menos de dos años. Como dijo un tuitero: “¿Querían panameñistas? Ahí ta”.
